!Ver cómo el fuego ha arrasado una finca en la que llevamos tantos años trabajando duele muchísimo. Afortunadamente, todos estamos bien, que es lo más importante. Ahora toca evaluar los daños, recuperar el riego y ver qué árboles podremos salvar." Héctor Edo, Finca Aguas Vivas

Publicado Agosto 2026
¿Por qué Europa arde cada vez más fuerte? El fin de las conspiraciones.
Este verano estamos viendo arder los campos de agricultores con los que trabajamos. También estamos viendo arder la conversación, tanto en debates políticos como en reuniones familiares. Ponemos los datos sobre la mesa para entender que hay realmente detrás de tanto humo.
En contexto
La semana pasada se declaró un incendio en la Vall d’Uixó (Castellón, España). En cuatro días, cuando empezamos con esta investigación, había quemado más de 7.200 hectáreas y obligado a evacuar a 16.000 personas de 18 municipios. Parte de esas hectáreas eran la finca Aguasvivas, de nuestro agricultor Héctor Edo, donde estimamos que ardieron unos 3.000 árboles.

El de Héctor es un caso entre miles este verano en Europa. Mientras los equipos de extinción trabajaban, la política se llenó de anuncios. En España, Pedro Sánchez reclamó un pacto de Estado y avisó de que «el negacionismo climático es el peor de los combustibles». En Francia, con el megaincendio de la Gironde cerca de Burdeos, Emmanuel Macron prometió «tolerancia cero» con los incendiarios y recordó que el país no veía tantos focos simultáneos desde la posguerra. Y desde Bruselas, la Comisión Europea reconoció que la capacidad de extinción del continente no da abasto.
Y luego, la sobremesa. Ahí las teorías son diversas, pero siempre dichas con seguridad aplastante y sin matices: el monte arde porque «no dejan limpiarlo»; la culpa es de los ecologistas y de las leyes que impiden desbrozar y hacer cortafuegos; hablan de cambio climático, pero casi todos los incendios son provocados.
Hay incluso una duda de sentido común que refuerza esa sensación de que algo no cuadra: si el invierno y la primavera fueron tan lluviosos en gran parte de Europa, ¿cómo puede arder el campo de esta forma?
¿De verdad hay más incendios ahora?
A escala global, la superficie quemada lleva años bajando y las emisiones de carbono por incendios están en mínimos desde que hay registros por satélite. La razón: durante décadas, la mayor parte de la quema mundial venía de África y Asia, donde el fuego era una herramienta agrícola; la urbanización y la mecanización la han reducido mucho.
Pero más cerca de casa la historia es la contraria. En la Europa templada (la mitad norte y central del continente), de clima húmedo, que históricamente veía pocos incendios: Francia atlántica, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, los países nórdicos, y en el arco mediterráneo, el fuego no baja: cambia de naturaleza.
Arde menos superficie en el planeta, pero lo que arde en Europa es más grande, más rápido y más difícil de apagar.

“Siempre ha habido fuegos en el Mediterráneo; la diferencia es que ahora los fuegos son mucho, mucho más grandes y mucho, mucho más intensos" Thomas Elmqvist (Stockholm Resilience Centre)
Esta nueva naturaleza del fuego se desencadena cuando se da la regla del 30-30-30: coinciden temperaturas superiores a 30 °C, humedad relativa del aire por debajo del 30 % y vientos de más de 30 km/h. En las campañas recientes del Mediterráneo, la humedad ha caído por debajo del 20 % y las rachas de viento han superado los 50 km/h, convirtiendo cualquier conato en un incendio fuera de la capacidad humana de extinción.
- Se salen de la escala de la extinción. Los llamados incendios de sexta generación liberan tanta energía que «crean su propio clima». El de Saumos (Gironde) formó el primer pirocumulonimbo documentado de Francia: una tormenta de fuego que lanza rayos secos y brasas a kilómetros. La CNN habla ya de blazes con intensidad «de bombas atómicas» y de una «nueva era del fuego» en Europa.
- Duran más y llegan más al norte y a más altura. El Centro Común de Investigación de la UE (JRC/EFFIS) constata que el cambio climático alarga la temporada de incendios más allá del verano y lleva el fuego a zonas que antes no ardían.
- Se encadenan. Tras el año récord de 2025, 2026 vuelve a ser extremo. Europa se suma a la lista de regiones —de Siberia al Amazonas— que ya viven temporadas de incendios extremas un año tras otros.
- Las noches ya no apagan el fuego. Tradicionalmente, la llegada de la noche traía un descenso de temperaturas y un aumento de la humedad ambiental que actuaba como un «freno natural. Sin embargo, las recientes olas de calor han registrado mínimas nocturnas por encima de los 22 °C. Al no refrescar, las llamas continúan ardiendo de madrugada con la misma virulencia e intensidad que a pleno mediodía.
En resumen: mientras sigamos calentando la atmósfera, cabe esperar fuegos más frecuentes y más intensos, en más meses del año y en más países. No es una fatalidad de un mal verano, es una tendencia.
¿Cuáles son las razones (reales)?
No hay una sola causa, pero si hay dos ingredientes que, al juntarse, producen el desastre: una atmósfera recalentada sobre un paisaje abandonado y cargado de combustible. Ninguno de los dos, por separado, explica lo que estamos viviendo.
La «sed» del aire
El indicador científico clave se llama Déficit de Presión de Vapor (VPD): mide cuánta «sed» tiene la atmósfera. Representa la diferencia entre la humedad que el aire podría almacenar según la temperatura y la que realmente tiene en ese momento. Cuando la temperatura sube, el aire se comporta como una esponja gigante que se vuelve cada vez más grande y voraz. Como el ambiente está seco, la atmósfera succiona con violencia el agua del suelo y del interior de las plantas. Estas, al intentar defenderse cerrando los poros de sus hojas, terminan deshidratándose por completo y transformándose en un polvorín continuo listo para arder.
Y si el invierno fue húmedo, ¿por qué arde el campo con tanta fuerza? Los científicos lo denominan latigazo meteorológico: las lluvias primaverales estimulan un crecimiento masivo de hierba y matorral fino. Cuando irrumpen las olas de calor, la «sed del aire» (el elevado VPD) evapora esa humedad en cuestión de semanas, convirtiendo toda esa vegetación nueva en una alfombra de combustible seco e ininterrumpido.
El paisaje que se vació.
En cincuenta años, el éxodo rural borró el mosaico que dividía el monte: parcelas cultivadas, pastos comidos por el ganado, bosques aprovechados. Quedaron masas continuas y homogéneas que acumulan biomasa sin gestión. Como dice la propia TIME citando a expertos, el abandono del campo ha creado «un tipo de paisaje mucho más vulnerable a los megaincendios».
La reacción intuitiva es sencilla: si el problema es un campo vacío y lleno de maleza seca, la solución será volver a «llenarlo» con bosque o con cultivos. Pero no cualquier relleno protege; según cómo se haga, puede incluso empeorar las cosas. Dos trampas habituales:
Repoblar con monocultivo no crea un bosque resiliente.
Conviene precisar el término: una plantación forestal es una masa plantada de una sola especie para producir madera o pasta de papel (los pinares y eucaliptales en línea que vemos en muchas laderas), algo muy distinto de un bosque natural y diverso. La Agencia Europea de Medio Ambiente lo dice sin rodeos: los bosques mixtos y de frondosas arden menos, mientras que los monocultivos, sobre todo de coníferas, son más inflamables; convertir esas plantaciones en masas mixtas las hace más resistentes. Un estudio en Nature Communications calcula que, en países templados, una plantación tiene el doble de probabilidad de quedar destruida por el fuego que un bosque natural equivalente.
“Agricultura» tampoco es sinónimo de protección: depende de cómo se cultive.
Lo que frena el fuego no es cultivar por cultivar, sino dos cosas: un paisaje troceado (el mosaico) y vegetación viva, húmeda y manejada. La agricultura convencional intensiva rema en contra de ambas. El laboreo continuo, el monocultivo y el suelo desnudo degradan la tierra y le restan capacidad de retener agua, y un suelo pobre en materia orgánica se seca antes y es más vulnerable a la sequía y al fuego. Además tiende a grandes bloques uniformes que no rompen la continuidad, y la quema de rastrojos descontrolada es una fuente habitual de igniciones. En cambio, recuperar antiguas tierras de cultivo y mantener «cinturones agrícolas» vivos alrededor de los pueblos sí ralentiza el avance de las llamas y facilita la extinción.
Casi todos los incendios los enciende una persona.
En Europa, en torno al 95–96 % tienen origen humano. Pero «humano» no es lo mismo que «intencionado»: buena parte son negligencias y accidentes (una colilla, una chispa de una máquina, una quema que se escapa) y solo una parte son intencionados. En Francia, el Ministerio de Agricultura calcula que 9 de cada 10 fuegos los causan personas, casi siempre por descuido. Y, sobre todo, el origen de la ignición no explica por qué un fuego se vuelve incontrolable. Una colilla en un monte pastoreado y húmedo se apaga; la misma colilla en un monte abandonado y deshidratado por la «sed del aire» se convierte en un megaincendio. Lo que marca la diferencia es el clima y el combustible, no quién encendió la cerilla.
La Ley de Montes no prohíbe la prevención: la obliga.
La ley impone a los propietarios trabajos de desbroce, poda y limpieza. No existe ninguna norma, estatal ni europea, que impida limpiar o desbrozar. Además, por ejemplo, en España cerca del 72 % del monte es privado: cuando algo no se gestiona, la responsabilidad recae sobre todo en sus dueños y en la financiación de la prevención, no en un veto ecologista.
Pero sería deshonesto negar que la burocracia y los permisos pueden ser lentos, que en espacios protegidos hay más restricciones, y que muchos propietarios no tienen medios para gestionar sus parcelas. Esa sí es la conversación útil.
¿Y los cortafuegos? Con los cortafuegos pasa lo mismo: hacerlos no está prohibido, forma parte de esa prevención obligada y de los planes de cada territorio. El caso viral de que «los ecologistas paralizaron los cortafuegos» entre Madrid y Toledo lo desmontó Maldita.es: aquella parada de 2015 se debió a denuncias por talas descontroladas de árboles sanos, no a un veto ambiental.
Pero hace falta un matiz técnico: los cortafuegos ayudan, no son magia. Bajo condiciones extremas, un incendio de sexta generación los salta con lluvia de brasas que cae a kilómetros del frente. Por eso la tendencia no es abrir franjas peladas cada vez más anchas, sino cortafuegos «vivos»: pasto-cortafuegos que mantiene el ganado, que rompen la continuidad del combustible y, encima, producen.
¿Cómo hacemos frente a esta tendencia?
No hay una bala de plata. Hay una escalera, de lo más inmediato a lo más estructural.
Proteger primero las casas
Cuando estos nuevos incendios alcanzan las urbanizaciones y pueblos integrados en el monte, los servicios de emergencia sufren un colapso operativo trágico: físicamente no se puede apagar el bosque, evacuar a miles de residentes y salvar viviendas de forma simultánea. La idea es sencilla: si una casa puede aguantar sola unas horas, los bomberos no tienen que quedarse a defenderla una a una y pueden ir a frenar el incendio en el monte.
Para ello, alrededor de cada vivienda o urbanización metida en el monte hace falta un anillo despejado: un margen sin matorral seco ni ramas que toquen la casa, para que las llamas no salten directamente al tejado. Es barato, rápido y salva vidas. A esto se suma tener al día los planes de autoprotección de cada pueblo.
Devolver la vida al paisaje
Ganadería extensiva: un rebaño es una brigada de 365 días.
Ovejas, vacas y cabras se comen el matorral y el pasto que en verano sería combustible, abren caminos y mantienen el monte discontinuo. La UE ya ha reconocido el papel del ovino y caprino extensivos en la prevención. El pastoreo no es una solución aislada ni explica por sí solo los incendios, pero es una de las herramientas más eficaces y baratas que tenemos.
Agricultura de montaña y mosaicos.
La agricultura de montaña es la que se practica en pendiente y en altura (terrazas, pequeñas parcelas, pastos de altura), con costes altos y poca rentabilidad; por eso se abandona la primera. Pero es la que teje el mosaico: un territorio troceado en cultivos, pastos y bosque no deja correr al fuego. Recuperarla es levantar cortafuegos vivos que ningún presupuesto de extinción puede comprar.
Bosques diversos en lugar de monocultivos.
Donde hoy hay pinar o eucaliptal continuo, ir hacia masas mixtas con especies autóctonas y frondosas, que arden peor y se recuperan mejor.
Además, se recomienda gestionar el bosque para que tenga menos combustible y menos conectado: aclarar árboles cuando están demasiado juntos, retirar la maleza y las ramas bajas, dejar claros, aprovechar la madera. Un bosque cuidado no deja de ser bosque; deja de ser una despensa para que el fuego se alimente a sus anchas.
Fuego bueno contra fuego malo: las quemas prescritas
Apagamos rápido más del 98 % de los comienzos de incendio. Suena bien, pero tiene un efecto perverso: al no dejar que el fuego de baja intensidad pase de vez en cuando, el combustible fino se acumula año tras año. Retrasamos el incendio inevitable para que, cuando por fin escape con calor y viento extremos, queme con una fuerza imposible de frenar.
Reintroducir fuego de baja intensidad, encendido por técnicos en invierno y con la meteorología controlada, consume el sotobosque antes de que lo haga un incendio de verano. WWF defiende expresamente las quemas prescritas como forma de usar el «fuego bueno para prevenir el fuego malo».
Y, de fondo, el clima
El aire recalentado es uno de los dos ingredientes fundamentales para los incendios. Reducir el calentamiento es, a largo plazo, apagar fuegos antes de que existan.
¿A costa de quién? Reorientar la extinción y la PAC
Gastamos casi todo en apagar y casi nada en prevenir.
La mayor parte del presupuesto va a aviones, helicópteros y brigadas de extinción, y una fracción mínima a gestionar el territorio para que no arda. En España, WWF calcula que hoy se dedica el 78 % de los recursos a apagar y solo un 12 % a prevenir. El patrón se repite en toda la UE, que refuerza cada verano su flota común de extinción mientras la prevención se queda atrás.
"Los grandes incendios no se apagan con agua, sino con gestión forestal y planificación territorial” WWF
El mayor fondo rural de Europa nos lleva en la dirección contraria
La Política Agraria Común (PAC) es cerca de un tercio del presupuesto de la UE, el principal dinero que llega al campo. Y aquí está la paradoja: durante años, sus normas de admisibilidad penalizan los pastos con árboles y matorral (dehesas, montados, pastos de montaña), justo los que mantiene el ganado que previene incendios. En la práctica, al ganadero cuyo pasto tiene «demasiados» árboles o arbustos se le recortan las ayudas, mientras que una tierra abandonada y reforestada puede seguir cobrando. El resultado, en toda Europa, es un empujón a quitar esa vegetación, abandonar o plantar monocultivo: lo contrario de la prevención.
La solución es la misma para los dos problemas: pagar por prevenir.
Trasladar recursos de la extinción a la gestión del territorio, y reorientar la PAC para que premie, en lugar de castigar, la ganadería extensiva, los pastos arbolados y los mosaicos agroforestales, bajo el principio de «quien conserva, recibe» (pagos por servicios ambientales). Dicho de otro modo: dejar de pagar por abandonar y empezar a pagar al que, cada día, mantiene el monte difícil de quemar.
En resumen
Europa arde porque una atmósfera cada vez más sedienta se encontró con un paisaje que llevamos medio siglo vaciando. El agricultor no es el problema; el ecologista tampoco. El fuego no es un plan oculto ni mala suerte: es el resultado previsible de esa combinación de factores.
Y una de las herramientas más eficaces y baratas contra él es la menos tecnológica: un campo habitado, pastoreado y cultivado. Por eso, sostener al agricultor de montaña y al ganadero extensivo no es un eslogan. Es decidir quién va a seguir haciendo, cada día, el trabajo de prevención que ningún avión puede sustituir.
Héctor ya está evaluando qué árboles puede salvar y volviendo a poner en marcha el riego. Ese gesto, volver a cultivar, es también la forma más antigua de cuidar el monte.
Fuentes
- Chas-Amil, M.-L., & Nogueira-Moure, E. (2026, July 28). Are more firefighting resources needed to fight forest fires? [¿Hacen falta más medios de extinción para luchar contra los incendios forestales?]. SINC Agency. https://www.agenciasinc.es/Opinion/Hacen-falta-mas-medios-de-extincion-para-luchar-contra-los-incendios-forestales
- European Environment Agency (EEA). (2023). Nature-based solutions for fire-resilient European forests. https://www.eea.europa.eu/en/analysis/publications/nature-based-solutions-for-fire-resilient-european-forests
- European Forum on Nature Conservation and Pastoralism (EFNCP). (n.d.). Wood pastures manifesto: Policy and admissibility of wooded pastures in the CAP. https://www.efncp.org/policy/wood-pastures-manifesto/
- European Union Civil Protection Knowledge Network. (2026). Forest fires and wildfires risk overview. https://civil-protection-knowledge-network.europa.eu/eu-overview-risks/natural-disaster-risks/forest-fires-wildfires
- Nature Communications. (2025). Comparative fire risk in natural forests and monoculture plantations. Nature Communications. https://www.nature.com/articles/s41467-025-59272-6
- Pau Costa Foundation. (2022, June). PCF Decalogue: Key principles on forest fires and land management [Decálogo PCF: Principios clave sobre incendios forestales y gestión del territorio]. https://www.paucostafoundation.org/wp-content/uploads/2022/06/DecalogoPCF_ES.pdf
- Plataforma Tierra. (2026, July 21). Why 2026 threatens to become one of the worst fire years in Spain [Por qué 2026 amenaza con convertirse en uno de los peores años de incendios en España]. Cajamar Cooperative Group. https://www.plataformatierra.es/actualidad/por-que-2026-amenaza-pero-ano-incendio-forestal-espana
- Sharples, J., Dowdy, A., Burgess, L., & Lane, T. (2026, July 27). What are pyrocumulonimbus clouds? The weather system that can worsen wildfires. The Independent. https://www.independent.co.uk/news/science/pyrocumulonimbus-clouds-wildfires-bordeaux-valencia-b3022080.html
- Vallfirest. (2023, March 14). Fire paradox: The more effective we are at suppressing wildfires, the worse they behave [‘Paradoja de la Extinción’: Cuando más efectivos somos apagando incendios, éstos muestran un peor comportamiento]. https://www.vallfirest.com/pt/noticias/paradoja-de-la-extincion-cuando-mas-efectivos-somos-apagando-incendios-estos-muestran-un-peor-comportamiento
- WWF Spain. (2025). Fire prevention policies and prescribed burning for wildfire prevention [Políticas para la prevención de incendios]. https://www.wwf.es/nuestro_trabajo/bosques/incendios_forestales_/politicas_para_la_prevencion_de_incendios/
Escrito por Cristina Domecq
Cristina Domecq es Head of Impact en CrowdFarming. Su labor se desarrolla en el punto de encuentro entre la estrategia corporativa, el campo y la conversación social, convencida de que las claves para arreglar el sistema alimentario se revelan en esa intersección. Su objetivo es lograr un cambio de comportamiento duradero; una misión que solo funciona si tanto los agricultores como los consumidores están verdaderamente comprometidos.




