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Sociedad

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Publicado Mayo 2026

Un año desde la DANA, ¿cómo se produjo tanto barro?

El 29 de octubre de 2024, Valencia sufrió uno de los peores episodios de inundaciones de su historia reciente. Una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) descargó lluvias torrenciales que desencadenaron riadas y desbordamientos de ríos y barrancos, provocando inundaciones relámpago con efectos catastróficos. 

El balance fue trágico: 229 personas fallecidas, destrucción masiva de infraestructuras, pérdidas materiales (cerca de 120.000 coches declarados siniestro total), pérdida de cosechas y un fuerte deterioro de suelos agrícolas, estructuras hídricas y caminos rurales.

Todo se llenó de barro. Miles de personas (sobre todo jóvenes) vinieron de toda España y Europa con fregonas, cubos y cepillos para recoger miles de toneladas de barro en casas, colegios, locales, calles y coches.

¿Cómo se produjo tanto barro? ¿De dónde venía? ¿Se podría haber evitado?

En este artículo exploraremos, de forma didáctica, cómo se produjo el barro y cómo las prácticas de la agricultura regenerativa, pueden influir en la gestión del suelo, la infiltración del agua y la biodiversidad, y por qué podrían ser clave para frenar la velocidad del agua, reducir la generación de lodo y mitigar desastres como el de la DANA de 2024.

¿Por qué la lluvia se vuelve tan destructiva?

La lluvia intensa no es sinónimo directo de daño. El problema es la velocidad que coje el agua al caer al suelo y lo que consigue arrastrar. Cuando el agua no puede infiltrarse dentro de la tierra, fluye en la superficie, provocando erosión y transformándose en lodo.

Las causas más comunes de baja infiltración en zonas agrícolas son:

  • Compactación por maquinaria pesada, que sella el suelo y reduce su porosidad.
  • Ausencia de cobertura vegetal, que deja el suelo expuesto al impacto directo de la lluvia y no actúa de freno natural.
  • Laboreo frecuente y profundo, que destruye los canales biológicos y acelera la degradación estructural.

Para simplificar y explicar el daño que puede causar el agua la lluvia, hemos creado la siguiente fórmula:


Para reducir los daños que pueden causar las lluvias, la agricultura puede actuar directamente sobre dos de las tres variables: velocidad y carga de tierra arrastrada o transportada. 

Según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente, se estima que entre el 60% y el 70% de los suelos europeos están degradados. Esta degradación se debe a causas como la erosión, la contaminación, la compactación y la pérdida de materia orgánica.

Un problema oculto para la mayoría de agricultores es que no contabilizan la pérdida de suelo fértil en sus fincas de la misma forma que el resto de costes que pagan con dinero. Es un coste invisible pero enorme que provoca un daño constante y prolongado a su cuenta de resultados financiera. ¿En qué se traduce? En menos cosechas. La menor productividad natural del suelo obliga a los agricultores a comprar más abonos porque tras la erosión el suelo sólo sirve para mantener erguido al árbol.


El polvorín de tener los suelos labrados

Tras la recolección de la uva (vendimia), es común que los viticultores de regiones mediterráneas (como Valencia) labren la tierra del viñedo. Agricultores de almendras, nueces y olivos que se recolectan en septiembre y octubre siguen la misma práctica.

Lo hacen para quitar las hierbas y aportar nutrientes de cara al otoño-invierno. 

También lo hacen por estética. Culturalmente, en las zonas rurales se valora mucho la imagen de la finca bien cuidada, que a menudo se asocia (erróneamente) con un suelo libre de hierbas. 

Un campo arado luce ordenado y “aseado”, dando la impresión de diligencia y esmero por parte del agricultor. La agricultura ecológica, que fomenta que la hierba espontánea crezca entre los viñedos, se ha asociado durante las últimas décadas a la imagen de un agricultor anticuado o poco trabajador.

En suelos desestructurados por el laboreo, las partículas más finas y fundamentales para la fertilidad, como las arcillas, quedan en suspensión y se las lleva el agua de la lluvia. Por el contrario, las partículas más gruesas y menos fértiles, como la arena y la grava, permanecen en el suelo. Es la combinación de arcilla, materia orgánica y microbiología lo que da lugar a los complejos arcillo-húmicos, base indispensable de la fertilidad del suelo.

¿Qué pasó en octubre del 2024? En las parcelas recién labradas del interior de Valencia, el agua de la lluvia formó auténticos ríos de barro que arrastraron pendiente abajo enormes cantidades de tierra suelta. En cambio, en las parcelas con suelo cubierto de vegetación, el agua no cogía tanta velocidad y podía ser absorbida (al menos parcialmente) por el suelo, evitando escorrentías. 

La capa vegetal reduce el impacto de las gotas de lluvia, las raíces crean poros en el terreno y la materia orgánica actúa como esponja, permitiendo que mucha más agua se infiltre. 

Un suelo sano funciona como un amortiguador natural de lluvias: en lugar de generar inundaciones súbitas, retiene el agua, la filtra lentamente hacia los acuíferos y libera el excedente gradualmente hacia los ríos sin arrastrar tanto barro. 

¿Y los suelos compactados?

Ya hemos explicado los efectos de tener la tierra labrada demasiado suelta. Ahora explicaremos el efecto contrario que es tener el suelo demasiado compactado. 

La compactación del suelo agrícola puede originarse por diversas causas, siendo las principales el uso continuado de herbicidas que impiden el crecimiento de hierbas que ayudan a descompactar el suelo, y el paso frecuente de maquinaria pesada, como el tractor.

En noviembre empieza la temporada fuerte de cítricos en Valencia. Durante los meses de agosto, septiembre y octubre los tractores pasan entre las calles para fumigar contra plagas como la mosca de la fruta, el piojo rojo o el trip. Este paso continuado entre las filas de árboles hace que la tierra se compacte y que, en caso de lluvia, actúe como una pista deslizante. 

En el cultivo de cítricos, que pongo como ejemplo por ser el predominante en la zona de Valencia, el uso de herbicidas químicos provoca la pérdida de gran parte de la microbiología y materia orgánica del suelo. Esto deja solo arcilla, que con el paso del tractor se compacta fácilmente, impidiendo la infiltración del agua. 

Un campo con la tierra compactada evacúa el agua de lluvia demasiado rápido hacia ríos o barrancos provocando crecidas e inundaciones relámpago.

El suelo como la mejor inversión en infraestructura

La DANA del 29 de octubre de 2024 fue un desastre que produjo un daño irreparable. Más allá de las políticas públicas, las medidas de aviso o las inversiones que se deban hacer, los agricultores tenemos el deber de cuidar y reparar la mayor infraestructura capaz de reducir los efectos dañinos de estas lluvias torrenciales: el suelo de nuestras fincas.

No regenerarlo es asumir que cada evento extremo será peor que el anterior. Para nosotros, para nuestra cuenta de resultados y para el entorno que nos rodea.

La agricultura ecológica y regenerativa no es una solución milagrosa y no evita estos eventos climáticos pero, sí que es una propuesta agronómica sólida, comprobada y replicable, capaz de devolver a nuestros campos la resiliencia que han perdido.

Written by Gonzalo Úrculo

Gonzalo Úrculo

Gonzalo es un "farmeneur". Como cofundador de CrowdFarming y agricultor, divide su tiempo entre la oficina y el campo. Además de la agricultura, disfruta leyendo y escribiendo sobre productos digitales y logística y discutiendo sobre su impacto en la cadena de suministro de alimentos.

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