
Publicado Abril 2026
Se buscan: agricultores dispuestos a pasarse a lo ecológico
Es difícil pensar en un sector que haya sido tan cuestionado de forma constante como la agricultura ecológica. Cada pocas semanas reaparece el mismo argumento: lo ecológico no puede alimentar al mundo, los rendimientos son demasiado bajos, los riesgos demasiado altos. A menudo se presenta como una buena intención, pero en el fondo poco práctica: una idea bonita que se derrumba frente a la realidad.
Y, sin embargo, en las encuestas que hemos realizado, los resultados son claros: las personas están dispuestas a apoyar a los agricultores durante los 2-3 años que dura la conversión a ecológico. A pesar de ello, rara vez encontramos productos comercializados como “en conversión a ecológico”, y nos cuesta encontrar agricultores que estén actualmente en ese proceso o que siquiera se planteen iniciarlo.
¿Por qué es tan difícil encontrar agricultores ecológicos?
¿Qué es el “valle de la muerte”?
¿Cómo podemos replantear la transición al ecológico?
En toda Europa, la demanda de alimentos ecológicos ha crecido de forma constante durante las últimas dos décadas. Según la Comisión Europea, el mercado ecológico de la UE alcanzó aproximadamente los 45.000 millones de euros. Incluso con la reciente desaceleración vinculada a la inflación, las tendencias de consumo a largo plazo siguen siendo significativamente más altas que hace diez años.
El “frenazo” del que tanto se habla requiere, sin embargo, una lectura más cuidadosa. Parte del estancamiento visible en las estadísticas recientes es metodológico más que estructural. En 2021, Eurostat revisó la forma en que reporta la superficie agrícola ecológica, excluyendo las tierras “en conversión” de las cifras principales y contando únicamente las áreas plenamente certificadas. En la práctica, una parte importante del proceso de transición desapareció de los datos, haciendo que el crecimiento parezca más plano de lo que realmente es.
Al mismo tiempo, la situación está lejos de ser uniforme en todo el continente. Mientras que países como Francia o Alemania han registrado estancamiento o incluso ligeras caídas en los últimos años (lo que se conoce como la “crisis del bio” en Francia), el sur de Europa sigue expandiéndose. Solo en 2023, España, Italia y Portugal sumaron más de 700.000 hectáreas de superficie ecológica. Más que un declive generalizado, lo que muestran los datos es un desplazamiento geográfico de la transición hacia regiones donde las condiciones de producción o los sistemas agrícolas hacen más viable el cambio.
A esto se suma que la política europea ha avanzado en una sola dirección: la expansión. Con la estrategia “Farm to Fork” (la principal política verde de la UE lanzada en 2020), la Unión se marcó el objetivo de alcanzar el 25% de la superficie agrícola en ecológico para 2030. Un objetivo muy ambicioso que sigue vigente hoy, aunque actualmente solo alrededor del 11% de la superficie agrícola es ecológica.
Visto desde fuera, todo parece alineado: hay demanda y las políticas apoyan el crecimiento. Pero entonces…
El “valle de la muerte” entre lo convencional y lo ecológico
Para convertirse a la agricultura ecológica en Europa, los productores deben cumplir los requisitos establecidos por la normativa de la UE. Esta regulación armoniza los estándares en toda la Unión y refuerza principios como la producción basada en el suelo, límites estrictos a los insumos sintéticos y una tolerancia casi nula a los OGM.
El periodo de conversión dura dos años para cultivos anuales y hasta tres años para sistemas perennes como olivos, viñedos o frutales. Durante este tiempo, las explotaciones deben aplicar plenamente las prácticas ecológicas y están sujetas a las mismas auditorías rigurosas que las fincas certificadas. La única diferencia es que su producción se clasifica como “en conversión” y no como “ecológica”.
Sin poder utilizar el reconocible logotipo ecológico de la UE (la famosa hoja verde), deben seguir vendiendo su producción a precios convencionales, ya que no hay espacio para la “conversión” en los lineales de los supermercados.
Las implicaciones económicas son inmediatas. Los costes laborales suelen aumentar entre un 10% y un 20%, los rendimientos pueden caer entre un 10% y un 30% mientras los suelos se recuperan de años de uso de insumos químicos, y al mismo tiempo los agricultores deben invertir en nuevos equipos y asumir los costes de certificación.
Esta fase de transición ha sido bautizada como el “valle de la muerte”, un término que, como imaginarás, no resulta especialmente atractivo para los agricultores convencionales que se plantean dar el salto.
Un mercado que ya no recompensa la transición
Hace una década, el sector ecológico se definía por su expansión. Los distribuidores buscaban activamente suministro y la conversión se incentivaba como un paso necesario para responder a una demanda creciente.
Hoy, la situación ha cambiado. Lo ecológico ya no es un nicho emergente, sino un segmento consolidado, cada vez más dominado por la gran distribución.
En países como Alemania, el mayor mercado ecológico de Europa, las ventas han superado los 17.000 millones de euros en los últimos años. Sin embargo, cerca del 60% de estas ventas están controladas por supermercados y grandes cadenas. Empresas como Aldi o Lidl han ampliado su oferta ecológica, apoyándose en distintas estrategias para mantener precios competitivos.
Este cambio ha hecho que los productos ecológicos sean más accesibles para los consumidores, especialmente durante la reciente crisis del coste de la vida. Pero también ha alterado la estructura de la demanda. Los distribuidores priorizan cadenas de suministro estables, capaces de ofrecer volúmenes constantes a precios previsibles. Las explotaciones en conversión, en cambio, representan incertidumbre.
El resultado es claro: el sistema favorece cada vez más a quienes ya están certificados, mientras ofrece pocas vías a quienes intentan llegar a estarlo.
Dónde se convierten los agricultores — y dónde no
La geografía de la conversión ecológica revela una dinámica estructural que a menudo pasa desapercibida. Paradójicamente, cada vez es más difícil encontrar agricultores dispuestos a convertirse en regiones donde la agricultura ecológica ya está bien establecida.
En zonas como el sur de España, donde la producción ecológica a gran escala (olivar, almendro, aguacate) ha crecido rápidamente en la última década, el mercado está cada vez más saturado. La competencia entre productores certificados es mayor, los márgenes están bajo presión y los incentivos para nuevos entrantes son limitados.
En cambio, en regiones con menor penetración de lo ecológico, las condiciones suelen ser más favorables. En algunas zonas de Portugal o del norte de España, donde la oferta ecológica sigue siendo limitada, hay más espacio para crecer y menos competencia directa.
Confianza, origen y política del consumo
Los desafíos de la conversión no son solo económicos; también están condicionados por la percepción de los consumidores.
En Europa, la confianza en la certificación ecológica no es uniforme. En Francia, por ejemplo, los estudios muestran una fuerte preferencia por los productos nacionales. Persisten dudas sobre los estándares de producción ecológica en otros países, incluso dentro del marco regulatorio común de la UE. Los productos españoles, por ejemplo, a veces se perciben como menos fiables.
Esto genera una dinámica interesante: consumidores escépticos frente a productos ecológicos importados pueden estar más dispuestos a apoyar proyectos en conversión si tienen acceso a información sobre los agricultores y sus prácticas. En este contexto, la proximidad y la transparencia pueden pesar más que la certificación formal.
Dar visibilidad a la transición
Aquí es donde entran en juego algunos actores innovadores.
En Francia, el grupo Beyond Green creó la marca PourDemain para abordar este reto. Comercializan una gama específica “en conversión ecológica”, destacando explícitamente el estado transitorio de los productos. Al pagar un precio justo a los agricultores durante estos años vulnerables, han logrado financiar la conversión de 172 hectáreas.
De forma similar, plataformas de venta directa como CrowdFarming evitan los cuellos de botella de la distribución tradicional y aprovechan el poder del relato. En lugar de ocultar la transición, ponen en valor las etiquetas “en conversión a ecológico”. Al permitir que los agricultores expliquen directamente sus prácticas a los consumidores, este modelo fomenta compromisos a largo plazo, como la adopción de un árbol o un animal.
Es hora de dar visibilidad a la conversión ecológica. No podemos exigir más productos ecológicos mientras ignoramos el hecho de que los agricultores necesitan apoyo para cruzar ese puente.
Las personas están dispuestas a ayudar. Pero para que eso ocurra, primero tienen que poder encontrar a quienes están en ese proceso.
¿Eres agricultor y estás considerando dar el salto a la agricultura ecológica? Sabemos que la transición es difícil, pero también sabemos que existe un mercado dispuesto a recompensar ese esfuerzo. Si estás listo para dar el paso, o conoces a alguien que lo esté, contáctanos. Te estamos buscando — y hay una comunidad lista para apoyar tu camino.
Written by Emilia Aguirre
Emilia Aguirre es nuestra especialista en sensibilización y defensa — lo que significa que se pasa el día haciendo las preguntas incómodas sobre cómo se cultiva, se etiqueta, se vende y qué precio se le pone a nuestra comida. Presenta What The Field?!, un podcast lleno de historias a pie de campo, investigaciones de impacto y conversaciones con quienes están definiendo el futuro de la alimentación (quieran o no).





