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Publicado Marzo 2026

¿Agua del grifo o un vaso de glifosato?

Los seres humanos tenemos una relación muy rara con la comida. Fumigamos los cultivos con pesticidas químicos para asegurarnos de que ninguna otra especie se los coma, y luego nos comemos nosotros esos mismos pesticidas destinados a matar a otros seres vivos. Es un montaje curioso, y uno que va mucho más allá del campo, teniendo en cuenta que una buena parte de esos químicos no se queda donde se echan.

Los pesticidas, la artillería pesada de la agricultura industrial

Desde la Revolución Verde, muchos agricultores usan productos químicos de síntesis para fumigar sus cultivos contra las plagas y asegurarse de sacar el máximo rendimiento. Pero estos productos no tardaron nada en salir de las fincas y meterse de lleno en las propias venas de nuestro paisaje. La lluvia, el riego y el drenaje del suelo arrastran en silencio los restos de los campos hasta las acequias, los arroyos y los ríos. Desde ahí recorren cuencas enteras hasta acabar, finalmente, en los lagos y en los acuíferos.

El agua es un mensajero de lo más eficiente, y casi nunca mira qué hay dentro del paquete.

Los datos de seguimiento en toda Europa muestran lo extendida que está esta deriva. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre el 19 % y el 27 % de los ríos europeos contienen concentraciones de pesticidas por encima de los umbrales de seguridad ecológica. Las aguas subterráneas no están mucho mejor: entre el 11 % y el 18 % de las masas monitorizadas superan los límites de seguridad. Para un recurso que suministra gran parte del agua potable de Europa, ese margen no es insignificante.

Estos resultados no se deben a unos pocos productos químicos aislados. Los programas de seguimiento agrícola analizan cada año más de 300 compuestos de pesticidas en miles de ríos y lagos. Herbicidas como el MCPA y el metolacloro aparecen regularmente en las muestras, junto con insecticidas como el imidacloprid, un miembro de la familia de los neonicotinoides conocido por afectar al sistema nervioso de los insectos.

La ruta del campo al río es directa. Algunos pesticidas se disuelven en el agua de lluvia y van a parar directamente a los arroyos cercanos por escorrentía superficial. Otros se filtran lentamente a través de las capas del suelo y entran en los acuíferos subterráneos. Aplicamos estas sustancias para proteger un monocultivo, pero una parte significativa emprende un viaje subterráneo, convirtiendo los acuíferos en almacenes a largo plazo de compuestos sintéticos que la naturaleza nunca tuvo intención de digerir.

Una vez en los ríos, los pesticidas no suelen ir solos. El seguimiento revela con frecuencia mezclas de herbicidas, fungicidas e insecticidas presentes al mismo tiempo. Los científicos describen esto a veces como un «cóctel químico». Aunque la frase suene casi festiva, es poco probable que los insectos acuáticos estén de acuerdo.

Las consecuencias ecológicas aparecen rápidamente. Los insecticidas diseñados para alterar el sistema nervioso de las plagas de los cultivos también afectan a los insectos acuáticos, que constituyen la base de las redes tróficas de agua dulce. El declive de estas poblaciones repercute en cascada en peces, anfibios y aves. Un río puede parecer perfectamente sano mientras su vida desaparece silenciosamente.

En toda la red de seguimiento de Europa, alrededor del 23 % de las masas de agua superficial superaron los estándares de calidad de pesticidas en 2023, lo que significa que aproximadamente uno de cada cuatro ríos y lagos no alcanzó los umbrales ecológicos diseñados para proteger la vida silvestre. En total, se analizaron más de 8.800 ríos y 1.500 lagos entre 2018 y 2023, lo que ofrece una de las imágenes más completas hasta la fecha de la contaminación por pesticidas en los sistemas de agua dulce.

¿Pero por qué te debería importar que un río a 150 kilómetros de distancia esté plagado de fungicidas?

Porque el sistema hídrico es un ciclo cerrado. Lo que empieza como el intento de un agricultor por controlar una plaga a menudo vuelve a la sociedad de otra forma: ecosistemas degradados, sustancias químicas disruptoras endocrinas en los cursos de agua y la lenta erosión de la biodiversidad.

Los problemas para la salud humana surgen más abajo. Las plantas de tratamiento de agua potable eliminan muchos contaminantes antes de que el agua llegue al grifo, pero esto requiere cada vez más procesos de tratamiento complejos y costosos. La normativa europea establece un límite estricto de 0,1 microgramos por litro para pesticidas individuales en las aguas subterráneas, un umbral destinado a mantener las concentraciones extremadamente bajas. El seguimiento muestra que este nivel se roza o se supera regularmente en las regiones agrícolas.

Existe una profunda ironía en nuestro sistema de comida «barata». Pagamos un precio más bajo en caja, pero pagamos el doble en nuestras facturas de agua para eliminar precisamente los productos químicos utilizados para cultivar esa barra de pan «asequible». Las compañías de agua gastan millones en filtración de carbono e intercambio de iones para eliminar pesticidas como el metaldehído o el glifosato, costes que se repercuten directamente a nuestras comunidades, no a las empresas alimentarias o agroquímicas.

Así que el público paga dos veces: una por la cosecha asistida químicamente y otra por eliminar sus residuos del suministro de agua.

Pero los ríos no son la única vía por la que viajan estos productos químicos. Algunos pesticidas se evaporan tras su aplicación o se adhieren a partículas de polvo. Una vez en el aire, pueden desplazarse por la atmósfera y entrar en las nubes. Estudios que han tomado muestras de agua de nubes en Francia han detectado más de 30 pesticidas diferentes en las gotas de las nubes, y la mitad de las muestras superan las directrices europeas para el agua potable. Los científicos estiman que entre 6 y 140 toneladas de pesticidas pueden circular en las nubes solo sobre Francia, dependiendo de las condiciones meteorológicas.

La lluvia los devuelve entonces a la superficie. Los estudios de seguimiento detectan regularmente residuos de pesticidas en el agua de lluvia, encontrando a veces una docena o más de productos químicos en un solo episodio de lluvia. En las regiones agrícolas, los investigadores han registrado hasta 35 pesticidas diferentes en una sola muestra de agua de lluvia. En efecto, los pesticidas pueden sumarse al ciclo global del agua: se fumigan en el campo, suben a la atmósfera, se quedan un tiempo en las nubes y vuelven a la tierra con la siguiente tormenta.

La salud del suelo es la salud del agua

Parte del problema se encuentra bajo nuestros pies. Un suelo sano se comporta como una esponja viva, filtrando el agua y reteniendo los nutrientes. Los monocultivos convencionales suelen tratar el suelo más como un sustrato inerte. A medida que la estructura del suelo se degrada, su capacidad para absorber y filtrar el agua disminuye. Cada tormenta se convierte entonces, de hecho, en un sistema de transporte que lleva fertilizantes y pesticidas directamente al arroyo más cercano.

Los sistemas industriales dependen de estos productos químicos para apuntalar un suelo cansado, pero en el proceso, sacrifican la densidad de nutrientes por el mero volumen. Estamos bebiendo la escorrentía de un sistema que está, esencialmente, en soporte vital.

Para reducir esta contaminación no hace falta una tecnología milagrosa. Cada vez son más los agricultores que están adoptando enfoques que trabajan a favor de los ecosistemas, en lugar de en su contra. Las prácticas asociadas a la agricultura orgánico-regenerativa (suelos más sanos y control natural de plagas) pueden reducir, de entrada, la necesidad de pesticidas químicos. Los suelos más sanos retienen más agua y nutrientes, lo que limita la escorrentía. Una mayor biodiversidad en las granjas suele mantener a raya las poblaciones de plagas sin necesidad de una carrera armamentística química.

Para muchos agricultores, sin embargo, los pesticidas no son solo una opción, sino una dependencia integrada en el sistema agrícola moderno. Romper ese ciclo requiere apoyo y una mejor comprensión de cómo es y cuánto cuesta la agricultura real (sin pesticidas). Un sistema alimentario que premie la salud del suelo y la biodiversidad en lugar de la pura eficiencia química.

La política europea ya apunta en esa dirección. La estrategia medioambiental de la UE pretende reducir el riesgo y el uso de pesticidas en un 50 % para 2030. Que esa ambición se convierta en realidad dependerá en gran medida del éxito con que la agricultura pueda virar hacia sistemas más resilientes, como la agricultura orgánico-regenerativa.

La evidencia en sí es clara. Los pesticidas casi nunca se quedan donde se echan; la gravedad, la lluvia y la hidrología se encargan de ello. La verdadera pregunta es dónde está la solución, y no está en el grifo, sino en la raíz. Necesitamos que nuestros sistemas agrícolas reconstruyan suelos vivos capaces de retener el agua, los nutrientes y la vida misma para romper el ciclo.

Los agricultores fumigan el campo, la lluvia arrastra los productos químicos y el río se los lleva. Y, al final, en algún lugar río abajo, puede que acabemos bebiendo un vaso de glifosato.

Fuentes

European Environment Agency (EEA). (2024). Pesticides in rivers, lakes and groundwater in Europe.
European Environment Agency indicator analysis and monitoring data.
https://www.eea.europa.eu/en/analysis/indicators/pesticides-in-rivers-lakes-and

European Environment Agency / WISE Freshwater Data. (2023). Pesticides monitoring in European water bodies.
European Water Information System for Europe (WISE).
https://water.europa.eu/freshwater/freshwater/resources/wise-soe-data-collection/pesticides

FAO – Food and Agriculture Organization of the United Nations. (1996). Control of water pollution from agriculture.
FAO Irrigation and Drainage Paper No. 55.
https://www.fao.org/4/w2598e/w2598e07.htm

Silva, V., et al. (2021). Pesticide residues in European agricultural soils – A hidden reality unfolded.
Environmental research study on pesticide persistence and environmental distribution.
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7826868/

British Geological Survey. (2023). Modern pesticides found in UK rivers could pose risk to aquatic life.
Environmental monitoring report on pesticide contamination in UK freshwater systems.
https://www.bgs.ac.uk/news/modern-pesticides-found-in-uk-rivers-could-pose-risk-to-aquatic-life/

Beyond Pesticides. (2023). Threatened Waters: Overview of pesticide contamination in waterways.
Environmental monitoring summary and policy analysis.
https://www.beyondpesticides.org/resources/threatened-waters/overview

Environmental Science & Technology. (2017). Pesticides in cloud water at the Puy de Dôme atmospheric observatory (France).
Peer-reviewed study detecting pesticide residues in cloud water and atmospheric transport.

Environmental Monitoring Studies on Rainwater Pesticides.
Multiple studies detecting organophosphate insecticides and other pesticide residues in rainwater samples and atmospheric deposition.

ScienceDirect – Environmental Research. (2025).
Peer-reviewed article analysing environmental transport pathways and ecological impacts of pesticide mixtures in aquatic systems.
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2589004225011228

Written by Emilia Aguirre

Emilia Aguirre

Emilia Aguirre es nuestra especialista en sensibilización y defensa — lo que significa que se pasa el día haciendo las preguntas incómodas sobre cómo se cultiva, se etiqueta, se vende y qué precio se le pone a nuestra comida. Presenta What The Field?!, un podcast lleno de historias a pie de campo, investigaciones de impacto y conversaciones con quienes están definiendo el futuro de la alimentación (quieran o no).

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El vasto mundo de las variedades de cítricos y sus nutrientes

Los cítricos incluyen todas aquellas especies de fruta que pertenecen al género Citrus, con su característico sabor dulce y ácido y sus excepcionales propiedades nutricionales. Estos frutos carnosos se cultivan predominantemente en regiones subtropicales y tropicales, aunque se adaptan y crecen en casi todas las regiones del mundo dentro de la franja de los 40° de latitud – en Europa esto sería España, Italia y Grecia. Esta amplia distribución y adaptabilidad los ha convertido en una de las categorías de fruta con mayor producción y comercialización a nivel global.La “Odisea” de los cítricosLa historia de los cítricos abarca muchas culturas y épocas. Según el mito griego, los jardines de las Hespérides estaban poblados por manzanas de oro: hoy sabemos que en realidad se referían a naranjas. En la antigua China, desde el año 2200 a.C., eran símbolos de prosperidad. En la Ruta de la Seda, su valor radicaba en prevenir el escorbuto. El género Citrus incluye no solo naranjas, sino también mandarinas, limones, limas, pomelos y otras variedades menos conocidas. Todas comparten su origen, ubicado en el sudeste asiático, específicamente en la región del Himalaya. Su domesticación generó una compleja red genética que impulsó su expansión. Se cree que las limas y las naranjas amargas se originaron en el este y el norte de la India respectivamente, mientras que los limones podrían ser un híbrido entre el cidro y la mandarina. Las naranjas dulces posiblemente se originaron en el sureste de China y fueron llevadas a Europa por los romanos. Las mandarinas viajaron a Japón a lo largo del río Yangtsé, y los pomelos se establecieron rápidamente en la península malaya. Aunque rastrear su recorrido es complicado, la genómica y la biogeografía aportan algunas respuestas, además de una buena lección de historia. Un tesoro nutricional Además de azúcares como la glucosa y la fructosa, los cítricos son nuestra principal fuente de vitamina C, especialmente durante el invierno. Estos valores suelen ser más altos en las naranjas que en las mandarinas, y significativamente más altos en el caso de la fruta de producción ecológica, pudiendo ser entre un 15 y un 30% superiores según la variedad. También es importante saber que el zumo de naranja contiene solo el 25% de la vitamina C presente en la fruta. Sin embargo, la vitamina C no es la única joya nutricional de los cítricos. Estas frutas también son una excelente fuente de carotenoides, xantofilas o flavonoides que no solo dan a los cítricos su característico color naranja o incluso rojo en el caso de las naranjas sanguinas, sino que también actúan como potentes antioxidantes y precursores de la vitamina A. Otros nutrientes presentes en los cítricos incluyen ácido fólico, potasio, calcio y magnesio, esenciales para la salud cardiovascular y ósea y la función muscular. Además, cada especie de cítrico tiene sus propias particularidades nutricionales que la diferencian del resto: por ejemplo, las limas y los limones son especialmente ricos en ácido cítrico y vitamina C, mientras que los pomelos aportan una buena cantidad de vitamina A. Las interminables especies y variedades de cítricos La popularidad de las variedades modernas, que ofrecen mayor rentabilidad, están mejor adaptadas a las demandas del mercado y a las condiciones ambientales y son más resistentes a enfermedades y plagas, acaba desplazando a las variedades tradicionales e indígenas. Entre las principales especies y variedades de cítricos disponibles actualmente en el mercado, podemos destacar las siguientes: Naranjas (Citrus sinensis)Navelina: Esta variedad es una de las primeras Navel en madurar en la temporada, generalmente disponible a partir de noviembre. Las Navelinas se reconocen por su pequeño “ombligo” (o “bellybutton”) y son conocidas por su dulzor, baja acidez y jugosidad. Suelen estar listas para comer entre diciembre y enero. Navel de Foyos: Son jugosas y tienen un buen equilibrio entre dulzor y acidez. Su piel es gruesa y fácil de pelar, y tienen el “ombligo” característico de las naranjas Navel. La temporada de recolección de la Navel de Foyos suele comenzar en noviembre y durar hasta enero. Fukumoto: También es una variedad Navel temprana, conocida por su tamaño pequeño a mediano y su color naranja brillante. Tiene un sabor predominantemente dulce y una textura jugosa, con una piel fina que facilita pelarla. La temporada de cosecha de Fukumoto suele ser de octubre a diciembre. Navel Powell: Se distingue por su gran tamaño y un sabor ligeramente más dulce. Su piel es algo más gruesa que la de otras variedades Navel, lo que ayuda a prolongar su vida útil. La temporada de recolección de la Navel Powell suele ser de febrero a abril. Washington Navel: Quizá la variedad de naranja Navel más conocida y cultivada. Se caracteriza por su gran tamaño, jugosidad y dulzor y acidez equilibrados. Su piel es gruesa y fácil de pelar, y tiene un “ombligo” prominente. Su temporada de recolección comienza en noviembre y puede extenderse hasta marzo. Navel Lane Late: Una variedad tardía de naranjas Navel, la Navel Late se cosecha desde la primavera hasta principios del verano. Estas naranjas son grandes, jugosas y tienen un sabor equilibrado, ligeramente más dulce que las Navel. Son ideales para comer frescas y mantienen su calidad durante más tiempo. Su temporada es entre marzo y abril. Salustiana: Conocida por su alto contenido de zumo y su sabor dulce, la Salustiana tiene una piel fina y es fácil de pelar. Esta variedad es menos ácida que otras naranjas y tiene una temporada de recolección de mediados de invierno a primavera, aproximadamente de enero a marzo. Valencia Midnight: Una variante de la naranja Valencia, la Valencia Midnight madura más tarde en la temporada y ofrece un zumo rico y dulce, ideal para la producción de zumo de naranja. Su temporada de recolección va de abril a mayo. Valencia Late: Otra variedad tardía de la conocida naranja Valencia, destaca por su gran tamaño. Su temporada de recolección va de abril a julio, lo que la convierte en una de las últimas naranjas disponibles en el mercado cada temporada. Tarocco: Una de las variedades más populares de naranjas sanguinas. La Tarocco se valora por su distintiva pulpa rojiza y su perfil de sabor dulce con notas de bayas. Es rica en antioxidantes, especialmente antocianinas, que le dan su color rojo. Su temporada de recolección es de enero a mayo. Moro: Otra destacada variedad de naranja sanguina, famosa por su intenso color rojo tanto en la pulpa como en la piel, es muy valorada en la cocina gourmet. Su sabor es similar al de la Tarocco, con un ligero toque de acidez. Esta variedad es conocida por su alto contenido de antocianinas, los pigmentos que le dan su color característico y antioxidantes. La temporada de recolección de la Moro abarca los meses de enero y febrero de cada año. Mandarinas (Citrus reticulata)Gold Nugget: La mandarina Gold Nugget, llamada así por su piel rugosa – que le da ese aspecto imperfecto que tanto nos gusta – y su color dorado, es una variedad apreciada por su dulzor y jugosidad, con un toque de acidez. La piel de la Gold Nugget es un poco gruesa, pero aun así es fácil de pelar. Su temporada de recolección es tardía, normalmente comienza en marzo y puede durar hasta finales de mayo. Satsuma: Originaria de Japón, la mandarina Satsuma es una variedad sin semillas, muy dulce y jugosa, con un nivel de acidez más alto que otras mandarinas y clementinas. Su piel verdosa es ligeramente más gruesa pero fácil de pelar. La temporada de recolección de la Satsuma es temprana, comienza en otoño (aproximadamente de octubre a diciembre) y es una de las primeras frutas cítricas en llegar al mercado cada año. Tango: La mandarina Tango es una variedad muy popular y de alta calidad procedente de California. Es una mandarina sin semillas con un sabor excelente, que destaca por su dulzor intenso. La piel es fina y lisa, de un naranja brillante y fácil de pelar. Su temporada comienza en enero y dura hasta abril. Nardocot: Esta variedad, originaria de Marruecos, se caracteriza por su tamaño mediano y su piel fina, fácil de pelar. La Nadorcott tiene la ventaja de conservarse bien en el árbol, lo que permite alargar su temporada de recolección. También es resistente a la alternancia, lo que significa que produce una buena cosecha año tras año. Al igual que la variedad Tango, se cosecha entre enero y abril. Clemenvilla: También conocida como Nova, se caracteriza por su excelente calidad de zumo y facilidad de pelado. Las Clemenvilla son más grandes que las clementinas comunes y tienen una forma ligeramente alargada. Su temporada de recolección es de mediados de invierno a principios de primavera, aproximadamente de diciembre a marzo. Orogros: Es de tamaño medio/grande, con una piel que varía de amarillo a naranja. Su sabor es una mezcla equilibrada de dulzor y acidez. La piel es algo más gruesa que la de una mandarina normal, pero sigue siendo fácil de pelar. La temporada de recolección de la Orogros suele ser de enero a marzo. Tardivo di Ciaculli: Originaria de Sicilia, Italia, esta variedad tardía es conocida por su sabor excepcionalmente dulce y su aroma intenso. Tardivo di Ciaculli tiene una piel fina y una forma ligeramente aplanada, con una temporada de recolección más tardía que otras mandarinas, normalmente desde finales de febrero hasta abril. Ortanique: La variedad ortanique procede de Jamaica; su nombre indica “OR” (orange) naranja, “TAN” (tangerine) mandarina y “IQUE” (unique), lo que nos dice que es un híbrido entre mandarina y naranja. Son de tamaño mediano a grande, con una forma algo aplanada, y tienen un alto contenido de zumo de un intenso color naranja. Están en temporada entre febrero y marzo. Orri: La mandarina Orri es una variedad relativamente nueva y de muy alta calidad originaria de Israel. Se distingue por su sabor excepcionalmente dulce y su bajo nivel de acidez, lo que la convierte en una de las variedades más apetecibles del mercado. La Orri tiene una piel fina y brillante, es fácil de pelar y contiene pocas o ninguna semilla. La temporada de recolección de la Orri es en marzo. Clementinas (Citrus x clementina)Las clementinas, a menudo consideradas un tipo de mandarina, tienden a ser algo más dulces, de piel más fina y un poco más pequeñas que las mandarinas. Clemenules: Estas clementinas tienen un marcado sabor dulce, lo que las hace especialmente apreciadas para el consumo directo. Su piel es fina y fácil de pelar. En cuanto al tamaño, tienden a ser más grandes que las clementinas comunes. La temporada de recolección de Clemenules dura desde noviembre hasta finales de diciembre. Clementina común: Esta variedad es la más tradicional y conocida de las clementinas. Se caracteriza por su tamaño pequeño a mediano, su piel naranja brillante y su facilidad de pelado. La clementina común tiene un equilibrio perfecto entre dulzor y acidez, y es ideal tanto para consumo en fresco como para zumo. Su temporada de recolección suele ir de noviembre a enero. Tangold: También conocida como Seedless Tango, es una variedad sin semillas desarrollada recientemente. Destaca por su intenso color naranja, tanto en la piel como en la pulpa. Su sabor es dulce, con una textura jugosa y firme. La piel es fácil de pelar y su tamaño es mediano. La temporada de recolección de Tangold suele ser de finales de invierno a principios de primavera, aproximadamente de febrero a abril. Caffin: Una variedad temprana, conocida por su pequeño tamaño y su forma ligeramente alargada, que ofrece un buen equilibrio entre dulzor y acidez. Su cosecha es temprana, comienza en octubre y se extiende hasta diciembre. Oronules: La clementina Oronules es de las primeras en comercializarse, ya que es una de las más tempranas en alcanzar su punto óptimo de consumo. Es pequeña, de un atractivo color naranja rojizo y poco ácida. Tiene una piel muy fina, lo que facilita pelarla. Su temporada va de octubre a finales de noviembre. Córcega o “Fine de Corse”: La clementina de Córcega, originaria de la isla de Córcega en Francia, es una variedad muy apreciada por su calidad excepcional. Se caracteriza por un sabor intensamente dulce. Tiene una piel fina y una buena cantidad de zumo. Las corsas son muy valoradas en los mercados europeos y su temporada de recolección y disponibilidad en el mercado suele empezar alrededor de noviembre y puede prolongarse hasta finales de diciembre. Limones (Citrus limon)Verna: Esta variedad de limón es típica de España, con un ciclo de producción tardío. Tiene un tamaño grande, una piel gruesa y es muy jugosa. Es menos ácida que otras variedades y se utiliza ampliamente para la producción de zumo. Se cosecha principalmente en primavera y verano, lo que significa que su disponibilidad es mayor entre los meses de abril y agosto. Fino o Primofiori: También conocido como limón común o mesero, es una de las principales variedades cultivadas en el mundo. Se caracteriza por su piel fina y su alto contenido de zumo, con un equilibrio perfecto entre acidez y dulzor. Generalmente se cosecha desde el otoño hasta principios de primavera, con máxima disponibilidad entre octubre y marzo. Femminello: Originario de Italia, es una de las variedades más valoradas y extendidas en la región mediterránea. Destaca por su alto contenido de aceite esencial en la cáscara, lo que lo hace ideal para la producción de limoncello y otros productos aromatizados. Este limón tiene un sabor clásicamente ácido, con una piel fina y una forma ligeramente alargada. Su temporada se extiende durante la mayor parte del año. Pomelo (Citrus paradisi)Rio Red: Originario de Texas, este pomelo es conocido por su sabor dulce y ligeramente ácido. La temporada de cosecha del Rio Red va desde finales de otoño hasta primavera, lo que lo convierte en uno de los pomelos más buscados durante este periodo. Star Ruby: El Star Ruby tiene la pulpa más roja de todas las variedades de pomelo. Es conocido por su jugosidad y dulzor, y tiene una menor cantidad de semillas. Su temporada de cosecha es similar a la de las variedades Ruby Red y Rio Red. Otras especies y variedades de cítricosLima (Citrus aurantiifolia) Conocidas por su sabor menos ácido y más floral, las limas son más pequeñas y verdes. Se utilizan a menudo en bebidas y cócteles, así como en recetas que requieren un toque cítrico suave. Por lo general, la mejor época del año para encontrar limas frescas sería aproximadamente de junio a septiembre. Mano de Buda (Citrus medica var. sarcodactylis) Este fruto es muy llamativo por su inusual forma de dedos. No tiene zumo ni pulpa, pero su piel es muy aromática y se utiliza principalmente para perfumar y como decoración en platos y bebidas. Suele estar disponible en otoño e invierno, de octubre a febrero. Yuzu (Citrus junos) Originario de Asia, el yuzu es muy aromático y menos ácido que los limones tradicionales. Su sabor es una mezcla compleja de limón, mandarina y pomelo. Se usa ampliamente en la cocina japonesa, tanto su zumo como su piel. Está principalmente en temporada entre el otoño y principios de invierno. Se cosecha desde finales de invierno hasta principios de verano, de febrero a junio. Caviar de limón o “Fingerlime” (Citrus australasica) Esta variedad australiana es conocida por sus pequeñas vesículas en el interior, que parecen caviar. Estas “perlas” estallan en la boca, liberando un sabor ácido y refrescante. Es un ingrediente popular en la alta cocina. Suele estar disponible durante los meses más cálidos del año, lo que podría ser desde la primavera hasta finales del verano, aproximadamente de abril a septiembre. Kumquat (Fortunella spp.) El kumquat es un fruto pequeño y ovalado que se come entero, incluida la piel, que es dulce, mientras que la pulpa es ácida. Es popular en mermeladas, compotas y como fruta confitada. Su temporada comienza en invierno y dura hasta principios de primavera, de noviembre o diciembre a marzo o abril. Lemonquat (Citrus × floridana) Un híbrido entre kumquat y limón, tiene el tamaño de un kumquat pero con la forma y el sabor característicos de un limón. Se puede comer entero y es ideal para mermeladas o postres. Su disponibilidad es similar a la del kumquat, principalmente en invierno y a comienzos de primavera, aproximadamente de noviembre a abril.

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Una vez más, una COP que decepciona

La COP30, celebrada del 10 al 22 de noviembre de 2025 en Belém (Brasil), debía marcar un punto de inflexión. Diez años después del Acuerdo de París y ante un planeta al borde del sobrecalentamiento, el objetivo era claro: pasar de las promesas a la aplicación. Pero una vez más, las expectativas chocaron con la realidad de un proceso diplomático casi paralizado.“Basta de hablar, es hora de actuar”, advirtió el presidente brasileño Lula al inaugurar el evento. Quince días y 30 COP después, ¿dónde estamos? Lo que ocurrióLas negociaciones se centraron en varios temas clave: la adaptación de los países vulnerables, la financiación climática y —muy esperado— un compromiso para abandonar los combustibles fósiles. El texto final, llamado “Mutirão” (palabra de origen tupi-guaraní que designa una comunidad que trabaja junta en una tarea común), recibió un amplio apoyo, aunque muy crítico.Pide “esfuerzos para triplicar la financiación para la adaptación de aquí a 2035”, pero sin cantidades concretas ni plazos vinculantes. Tampoco establece una hoja de ruta obligatoria para la eliminación del carbón, el petróleo y el gas por falta de consenso. El comisario europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, lo resumió con dureza: “Este texto no está a la altura de la ambición necesaria en materia de mitigación”.En resumen, la COP30 no fracasó por completo. No invalidó los compromisos existentes, pero sí perdió la oportunidad de reforzarlos en un contexto de emergencia climática. Por qué nos quedamos con hambre de másTras treinta conferencias climáticas, parece que seguimos atrapados en el mismo ciclo: repetir los mismos procesos esperando cada vez un resultado distinto.Cada COP despliega grandes discursos y un programa ambicioso… para terminar con un texto negociado a última hora destinado a evitar un fracaso total y preservar el multilateralismo. Las decisiones importantes se aplazan, se diluyen o se vuelven no vinculantes.Para los agricultores, los pequeños productores y las comunidades que apuestan por un sistema alimentario justo, transparente y resiliente, esto plantea interrogantes. Las declaraciones de “hay que actuar” se repiten, pero ¿quién actúa realmente? ¿Quién impulsa cambios estructurales más allá de informes y debates televisivos? Una vez más, la forma (el discurso, la imagen, la puesta en escena) prevalece sobre el fondo (los compromisos firmes, los recursos, la implementación).Nuestro sector —la agricultura, la alimentación justa y los circuitos cortos— esperaba una señal más clara: una salida creíble de los combustibles fósiles y los insumos químicos para liberar recursos hacia la transición agroecológica; y el reconocimiento de que la biodiversidad y la salud del suelo no son opcionales, sino esenciales para un futuro resiliente.Pero la COP30 vuelve a demostrar que el modelo diplomático internacional sigue atrapado en compromisos, pequeños avances y márgenes difusos.  En conclusión: ¿debemos seguir creyendo en las COP?Sí, porque el marco sigue siendo importante y no existe una alternativa creíble al multilateralismo. Pero seamos realistas: desde hace años revivimos el mismo ciclo —ambiciones declaradas → negociaciones interminables → texto pulido pero poco vinculante → decisiones reales aplazadas—. Repetir lo mismo esperando un resultado diferente ya no es aceptable.Es hora de exigir objetivos vinculantes y verificables, así como una aplicación rápida de los compromisos sobre suelos, alimentación y biodiversidad. De lo contrario, seguiremos siendo espectadores de un teatro que viste de verde el inmovilismo.Mientras tanto, los territorios, los agricultores, las pequeñas explotaciones y los consumidores comprometidos ya están construyendo la alternativa. La verdadera pregunta ya no es qué hacer, sino con qué rapidez podemos hacerlo. ¿Seremos capaces de desplegar estas soluciones antes de que avancen los impactos climáticos? Esa es la carrera en la que estamos.

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Mercosur: Europa ante una encrucijada en su modelo alimentario

Mientras el acuerdo Mercosur abre el mercado europeo a importaciones agrícolas sudamericanas, el debate va mucho más allá de la dimensión comercial. Está en juego nuestra soberanía alimentaria: Europa debe elegir entre un sistema globalizado con normas desiguales y el impulso de otros modelos, como los circuitos cortos, que promueven una alimentación más sana, transparente y sostenible.El regreso del Mercosur al centro del debate europeo plantea una cuestión esencial: ¿qué modelo agrícola y alimentario queremos para Europa? Este acuerdo comercial supone abrir el mercado europeo a productos agrícolas sudamericanos procedentes de una agricultura intensiva, a menudo industrializada, principalmente en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.Aunque sujetos a contingentes, estos productos están destinados sobre todo a integrarse en alimentos transformados – carnes picadas, embutidos, platos preparados y conservas – ampliamente presentes en grandes y medianas superficies. Esta realidad hace temer a los productores europeos una competencia reforzada, especialmente porque las normas sociales, sanitarias y medioambientales vigentes en los países del Mercosur suelen ser menos exigentes que las de la Unión Europea.Esta apertura no implicará necesariamente una invasión inmediata de las estanterías europeas. Varias cadenas de distribución ya han expresado su intención de limitar la presencia de estas importaciones, conscientes de la necesidad de proteger la agricultura local y preservar la confianza de los consumidores.El dilema no es tanto una confrontación directa entre agricultura local y modelo industrial, sino más bien un reto de equilibrio. ¿Qué peso queremos otorgar a un sistema agroalimentario globalizado, basado en volúmenes masivos y normas heterogéneas, frente a una demanda creciente de una alimentación transparente, respetuosa con la salud y con el medioambiente?La crisis de confianza en torno a la alimentación es evidente. Escándalos sanitarios recurrentes, opacidad en los circuitos industriales, desconfianza hacia los procesos globalizados: factores que refuerzan la necesidad de un vínculo directo con quienes producen nuestros alimentos.En este contexto, los circuitos cortos se presentan como una alternativa real. Garantizan trazabilidad y frescura, reducen el desperdicio alimentario y ponen en valor los territorios europeos. Al conectar directamente con los productores, los consumidores recuperan una confianza a menudo perdida en su alimentación. Los productores, por su parte, encuentran sentido en la relación directa y pueden valorizar mejor sus prácticas.Al reducir márgenes superfluos y el tiempo que transcurre entre la cosecha y el consumo, estos circuitos permiten una alimentación más fresca, más nutritiva y a un precio justo para el consumidor. Al mismo tiempo, aseguran a los productores ingresos suficientes para invertir en modos de producción más responsables, como la agricultura ecológica o la agricultura regenerativa, respetuosas con el clima, los suelos y las personas. Lejos de ser un lujo elitista, esta vía alternativa demuestra que es posible conciliar accesibilidad, calidad y sostenibilidad.La soberanía alimentaria de Europa dependerá en gran medida de su capacidad para proteger a sus productores, garantizar la calidad sanitaria de los alimentos y ofrecer alternativas creíbles a los consumidores. Estos últimos, a través de sus elecciones cotidianas, desempeñan un papel clave en la construcción del futuro alimentario.La verdadera decisión no se juega únicamente en Bruselas o Brasilia, sino cada día en nuestros platos, a través de la apuesta por una agricultura que respeta el planeta y a las personas, que protege el tejido rural y que devuelve un nuevo sentido al acto de alimentarse.Ha llegado el momento de superar los falsos debates y comprometerse con una transición ecológica ambiciosa, social y justa, basada en la restauración de los suelos, la biodiversidad y la resiliencia de los territorios. Solo así podrá Europa preservar su agricultura, garantizar su seguridad alimentaria y responder a las expectativas legítimas de sus ciudadanos.El Mercosur nos ofrece un espejo. ¿Queremos un sistema alimentario globalizado, opaco y deslocalizado, o preferimos una agricultura local, transparente y equitativa? El futuro de nuestra soberanía alimentaria no se decidirá mañana: se decide aquí y ahora. Se construye en cada acto, en cada gesto, en cada alianza entre productores y consumidores. Se construye con conciencia y con movilización colectiva.Juliette Simonin – Co-fundadora de CrowdFarmingPhilippe Crozet – CEO de La Ruche qui dit Oui!

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