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Desperdicio alimentario en origen

Introducción


El tema del desperdicio de alimentos gana cada día más relevancia en los medios y en las conversaciones de café desde que en 2012 la Unión Europea publicase el dato de que ⅓ de los alimentos producidos acaban en la basura o desperdiciados. Este estudio, señala que los hogares son responsables del 53% del desperdicio total. 

El auge de consumidores conscientes y consecuentes junto con las nuevas apps que nos animan a evitar el desperdicio están consiguiendo (imagino) reducir el desperdicio de alimentos en destino. Me faltan datos para poder justificar esta intuición.

Sin embargo se han visto pocas apps y se habla mucho menos del desperdicio de alimentos en origen o durante los pasos previos por los que pasan los alimentos hasta que llegan a nuestros hogares. Y la cifra no es pequeña.

La ilustración de piezas de fruta y verdura que están cayendo en un cubo de basura



¿Cuánto desperdicio de alimentos se genera antes de llegar a los hogares?


Según el mismo estudio de la Unión Europea el desperdicio de alimentos previo a su llegada a los hogares se reparte de la siguiente manera:


El 11% del desperdicio se produce en origen. Los agricultores no consiguen vender los alimentos producidos que no cumplen unos estándares de belleza marcados por los “expertos” en marketing alimentario. Incluso teniendo un producto “estéticamente apto” si el mercado está saturado y los precios son bajos, el agricultor prefiere no recolectarlo para no incurrir en más gastos.


El 19% durante el proceso de confección y venta al distribuidor. Durante la temporada de recolección de frutas y verduras, las cooperativas o almacenes hortofrutícolas llenan sus cámaras a la espera de que los supermercados les hagan los pedidos. Esta espera es muy incómoda porque cada día que pasa, el alimento va perdiendo vida útil. Los supermercados aprovechan esa posición de fuerza para dejar pasar el tiempo mientras las cooperativas se ven obligadas a bajar el precio de venta. Es una negociación poco equilibrada donde la pérdida económica se une a la pérdida medioambiental  por la merma producida y por los recursos utilizados para alargar la vida del alimento.


El 5% se produce en el punto de venta mientras el alimento ve pasar consumidores esperando que alguno le lleve a casa.


Por último, el 12% lo produce el canal horeca. Restaurante o servicios de catering que preparan comida que nunca se va a consumir o que compran alimentos que nunca se llegan a cocinar.


Estos datos convierten a la cadena de suministro de alimentos en la más ineficiente de todas las cadenas de suministros: automoción, eléctrica, electrodomésticos, etc. Es difícil imaginarse una pérdida similar en otra cadena de suministro.

¿Qué pasaría si de cada 100 coches salidos de la cadena de montaje de una fábrica, 33 nunca llegasen a ser conducidos porque el color no gusta o porque simplemente no hay suficiente demanda de ese modelo?


Es bien sabido que los fabricantes de coches producen básicamente lo que ya tienen vendido. Cuando un comprador encarga un coche debe esperar unos meses a que se lo produzcan y se lo entreguen.



Producción bajo demanda vs. producción a ciegas 


En la industria de automoción, los fabricantes también se encargan de la distribución y venta de los coches. Los concesionarios reciben pedidos de los clientes a un precio pactado y las fábricas producen los coches bajo pedido. Previo a la venta, las fábricas pasan a los concesionarios el precio de venta en función de sus costes de producción.  Esta cadena funciona de forma eficiente porque hay una armonía entre la oferta y la demanda real de coches.


Por el contrario, en la industria agroalimentaria los agricultores producen a ciegas, sin saber la demanda real o el precio de venta de lo que cultivan. Primero cultivan y una vez cultivado intentan venderlo, con el agravante de que la ventana de tiempo para vender su cosecha suele ser pequeña al tratarse de productos perecederos. En la mayoría de los casos los agricultores no tienen una posición de fuerza para marcar un precio sobre su producto y suelen ser variables globales las que deciden el precio de venta. 

La ilustración de las naranjas cayéndose del naranjo

En la Unión Europea estas ineficiencias de la cadena de suministro se intentan corregir con subvenciones económicas directas a los agricultores o cooperativas. La eficiencia de estas ayudas es, cuanto menos, debatible: ¿tiene sentido financiar el cultivo de un producto que no se sabe ni siquiera si se va a vender? Este estudio nos ha llevado a esta y otras reflexiones que estamos analizando y sobre las que próximamente podremos publicar datos.

  • Subvenciones agrícolas en el punto de mira: ¿son realmente la solución para que Europa no pierda a su sector agrícola? ¿Pueden estas subvenciones estar haciendo que los agricultores vendan más barato y que los beneficiarios sean los supermercados al poder comprar a menor precio?

  • ¿Qué se necesita para que los agricultores puedan cultivar los alimentos bajo demanda directa del consumidor?




Gonzalo es un "farmeneur". Como cofundador de CrowdFarming y agricultor, divide su tiempo entre la oficina y el campo. Además de la agricultura, disfruta leyendo y escribiendo sobre productos digitales y logística y discutiendo sobre su impacto en la cadena de suministro de alimentos.

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