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Publicado Marzo 2026

La Platjeta: pesca tradicional y de proximidad en las costas de Barcelona

Son descendientes de marineros, defensores de la tradición y la cultura pescadora de la Barceloneta, y desde hace dos décadas se embarcaron en esta aventura emprendedora para proveer de pescado y marisco fresco a la ciudad. “Queremos pescar cada vez menos, ser más sostenibles y explicarlo mejor”, dice Cristina Caparrós, fundadora de La Platjeta. 

Nacieron con vocación de impacto social y con un objetivo doble: visibilizar el oficio de marinero garantizando un sueldo digno para la tripulación de sus barcas, y realizar pesca de proximidad, poniendo en valor las especies autóctonas y de temporada. Más de veinte años después de su creación, abastecen a muchos restaurantes locales de Barcelona y a numerosas familias a través de la red de Colmenas. 

¿Cuáles son los orígenes de La Platjeta?

Somos una familia de pescadores de la Barceloneta que lleva varias generaciones trabajando en el mar. Mi padre se dedicó a este oficio desde muy joven, y también mi abuelo. Cuando a finales de los años 90 llegó la etapa de jubilación para mi padre [los trabajadores del mar se jubilan de manera anticipada, entre los 55 y los 58 años], él estaba lleno de energía, y no quería retirarse del mundo marinero.

Por aquel entonces, nos llegaban muchas peticiones de restaurantes y amigos que querían comprar nuestro pescado. Este período coincidió con una crisis pesquera derivada de la desaparición de la gamba roja en las costas catalanas, ello provocó que muchos barcos se fueran a pescar a otros lugares del Mediterráneo.

Nosotros queríamos quedarnos aquí, donde pertenecemos y donde hemos pescado toda la vida. Mi padre vio una oportunidad para crear nuestra propia plataforma de venta y toda la familia se involucró en la puesta en marcha. Empezamos a vender a restaurantes amigos, a gente que conocíamos y a familiares. 

Explícanos cómo funcionan las lonjas de pescadores, y qué relación tiene su funcionamiento con los orígenes de La Platjeta.

Los barcos pesqueros de bajura, es decir, las embarcaciones de tamaño pequeño que pescan cerca de la costa, tienen la obligación de hacer la primera venta en la lonja del muelle de pescadores de donde zarpan, donde se produce una subasta a la baja. Es decir, se parte de un precio que los compradores van bajando, hasta que uno de ellos (o un grupo) se decide a parar la subasta cuando el precio se ajusta a sus expectativas. Esto provoca que, según las dinámicas que se den en la subasta, en ocasiones caiga el precio y los marineros obtengan una remuneración mínima por una jornada de pesca muy dura. 

¿Ese fue el germen de La Platjeta?, reivindicar la pesca con impacto social…

Sí, la Platjeta nació con la voluntad de ser una plataforma que respete las condiciones laborales de los pescadores y que ponga su trabajo en valor. Hay un mecanismo legal que permite no entrar en la subasta si le vendes a un comprador particular, así que de ahí la creación de La Platjeta. Encontramos una manera que nos permite pagar un precio justo por el pescado que luego vendemos a particulares y restaurantes. Era la única manera de saber cómo trabajan los marineros que pescan el pescado que distribuimos y cómo es la retribución que reciben por su trabajo. 

Os habéis dedicado a la pesca tradicional durante generaciones, ¿cómo conseguís que siga habiendo relevo generacional?

Si hubiésemos continuado con la estructura antigua hubiéramos muerto como proyecto. Mis primos podían relevar a mi padre en el oficio de pescador, pero mis intereses profesionales iban por otro lado. Así que con un poco de paciencia y mucha motivación le dimos unas vueltas e ideamos una manera de crecer y diversificar la actividad: nos convertimos también en distribuidores y visibilizamos el oficio a través de actividades que promueven el turismo responsable en el mar. También te digo que ha sido una cuestión de actitud y de tener la voluntad de meterte en estos saraos [risas], una mezcla de atrevimiento y motivación. 

Estáis profundamente vinculados a la Barceloneta, ¿qué significado tiene este barrio para vosotros?

Mi familia vive en la Barceloneta desde hace generaciones. Este siempre fue un barrio marinero y pescador, con usos y costumbres derivados de esta actividad propia del territorio. En este sentido reivindicamos un saber popular que se está perdiendo. En las generaciones pasadas, nuestros vecinos también eran pescadores, así que juntos hacíamos, aprendíamos y trasmitíamos saberes: entre los marineros se compartían recetas sobre cómo cocinar el pescado, las yayas nos enseñaban a hacer la sopa de pescado con los restos, entre las vecinas te explicaban cómo espabilarse para hacer recetas innovadoras cuando durante meses la pesca era del mismo tipo de especie… Es decir, había una transmisión de cultura.

En el momento en el que la Barceloneta pierde este carácter esencialmente marinero, sentimos que perdemos esa oralidad. Estamos dejando de ser un barrio formado por trabajadores del puerto. Ahí entra Cap a Mar, una asociación que creamos con el objetivo de visibilizar a las familias de pescadores, divulgar el saber popular ligado a nuestro oficio y mostrar que los pescadores resistimos. 

¿Cómo lo hacéis?

A través de diferentes actividades: itinerarios por la Barceloneta, acciones de memoria histórica, exposiciones, etc. Ahora, por ejemplo, estamos estudiando la relación entre la mujer y el mar, así como la existencia de matriarcados en el sector marinero. En definitiva, buscamos aportar un poco de luz a esta parte de la cultura que no queremos que muera. 

Hasta hace muy poco era habitual ver el tráfico de cruceros por el puerto de la Barceloneta. ¿Cómo conviviáis con el fenómeno turístico? ¿Afectaba de alguna manera vuestra actividad?

El modelo turístico que teníamos hasta la irrupción de la pandemia era un modelo low cost, que está muy relacionado con la pérdida de la esencia de la Barceloneta que te comentaba. El oficio de pescador y el barrio de la Barceloneta iban muy juntos, pero cada vez se están distanciando más. Muchos de los restaurantes del barrio donde antes de la pandemia iban a comer y cenar los turistas se especializan en un producto muy poco local, y más barato.

Hace 40 años, en cambio, todo restaurante en la Barceloneta era de pescado fresco de nuestras costas, de muy buena calidad. Sigue habiendo, por supuesto, algunos restaurantes en el barrio que siguen apostando por la pesca local, pero cada vez son menos. La mayoría se rige por el uso de pescado congelado. Otro ejemplo es el Mercat de la Barceloneta: de todas las paradas de pescado que hay, solo una de ellas está especializada en pescado local.

Vuestra pesca se realiza con técnicas tradicionales, pero también incorporáis nuevas tecnologías que os permiten ser más respetuosos con el medio ambiente. ¿Qué puedes contarnos sobre esto?

Combinamos las técnicas tradicionales, como la pesca de arrastre, de cerco y de artes menores, con la incorporación de nuevas tecnologías que nos permitan ser cada vez menos invasivos con el medio.

Respecto a la técnica de arrastre, es importante señalar las diferencias entre esta técnica realizada por grandes embarcaciones que incluyen su propia planta de congelados y pequeñas embarcaciones como las nuestras. La primera tiene una tripulación de al menos cien marineros, va a pescar donde haya menos leyes y está anclada durante semanas o meses en el mismo fondo marino para extraer al máximo. Tiene altos niveles de captura incidental, así como de descartes (los peces que son demasiado pequeños o las especies no comerciales se tiran por la borda, muertas o moribundas).

Nuestras dos barcas, ‘El Nus’ y ‘La Ostia’, son embarcaciones pequeñas con una tripulación de 5 marineros que incluyen redes anchas para evitar la captura incidental o de especies pequeñas, además incorporan cámaras que permiten ver dónde están las puertas voladeras y controlar que no arrastren el suelo marino. También contamos con dos geolocalizadores que nos informan de dónde podemos pescar, ya que estamos autorizados a hacerlo exclusivamente donde hay fondos de arena, nunca en fondos donde haya biodiversidad.

Nuestras barcas van y vienen cada día, pescamos aquí, donde queremos vivir. La responsabilidad respecto al medio es completamente diferente. Nos interesa que dentro de diez años las barcas que hay en Barcelona y sus familias continúen ganándose la vida, y por tanto no estamos interesados en un tipo de pesca que dañe el medio, sino en aquella que garantice su continuidad. 

¿Cómo evitáis el desperdicio alimentario y lográis que no queden excesos de pescado o marisco que no podáis aprovechar? 

En nuestras barcas son los propios marineros los que cogen pescado a pescado y lo clasifican en cajas según su tamaño. Todos los tamaños se aprovechan. Las grandes industrias solo cogen los pescados de un determinado peso que les interese y el resto lo tiran, porque buscan homogeneidad o porque no son comercializables. Sucede lo mismo que con la fruta y la verdura, y se produce muchísimo desperdicio alimentario. 

En nuestro caso, además de aprovechar todos los tamaños, distribuimos a consumidores directos y a restaurantes, aprovechando prácticamente en su totalidad los stocks generados. Por último, cuando esta previsión falla usamos canales de distribución de reaprovechamiento alimentario, para que nada de lo que pescamos termine en la basura. 

¿Tenéis pescado proveniente de otras zonas además de la costa catalana?

Sí, con el tiempo hemos añadido unos pocos productos de fuera para dar el servicio a consumidores que nos lo pedían. Hemos incorporado closca, bacalao, salmón y atún de proveedores que pasan un estricto control de sostenibilidad y de calidad. Pero no los tenemos en el catálogo, ya que damos prioridad a la pesca local. 

Cuando un consumidor/a de las Colmenas encarga uno de vuestros productos, ¿con cuánta antelación fue pescado?

El pescado que llega a vuestras mesas fue pescado como máximo el día anterior, pero puede ser también del mismo día. Por ejemplo, en el caso de los peces pequeños, como la sardina y el boquerón, nuestros barcos salen a pescar de madrugada y llegan a las 7am al puerto. Así que en las horas previas a la entrega en las Colmenas tenemos tiempo suficiente para realizar el limpiado y el envasado. 

¿Qué me dices sobre la gestión de los envases y de los residuos que se derivan de vuestra actividad?

La gestión de los envases retornables comporta una logística compleja, a la que nos gustaría volver, pues en nuestros inicios cuando el proyecto era más pequeño funcionamos con el sistema de cajas retornables. 

La búsqueda de materiales más sostenibles es algo a lo que le doy muchas vueltas y que me preocupa mucho. Estamos probando alternativas. En un futuro próximo queremos incorporar bolsas de envasado biodegradables y también cajas reciclables. No es sencillo encontrar envases que se adecúen a nuestro producto, ya que desprende agua y va acompañado de mucho hielo, por lo tanto no cualquier envase biodegradable lo resiste. Estamos estudiándolo y esperamos poder aportar novedades positivas muy pronto. 

Nuestra generación está y estará atravesada por la crisis climática, nos enfrentamos a un enorme reto. ¿Cómo ves el desarrollo futuro de vuestra actividad?

Para nosotros el objetivo es continuar pescando. Queremos pescar cada vez menos, ser más sostenibles y explicarlo mejor, para garantizar que podamos seguir pescando en el futuro.

Pero tenemos claro que es una tarea conjunta que también pasa a nivel del consumidor por aceptar cosas que antiguamente eran habituales y que hoy en día vivimos como renuncias: si ahora no hay sardinas, no comamos sardinas. Eso implica conectarnos con el productor a cada momento, entender que si un tipo de pescado tiene un precio más elevado es porque no hay en abundancia. Volvamos a hablar con nuestros pescadores y nuestros productores/as. A la larga es la única manera de hacerlo sostenible.

Entrevista de Flavia Laurencich, Responsable de la Colmena de Guinardó – Bons Focs (Barcelona) y de la Colmena Cala Romana – Can Stella (Tarragona).

Written by ¡La Colmena Que Dice Sí!

¡La Colmena Que Dice Sí!

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El «alemán loco» 40 años después

Si acompañas a Friedrich por su finca cerca de Gibraleón, escucharás sobre todo una cosa: un estruendoso concierto de cantos de pájaros. Pero tras este idilio se esconde una decisión radical contra lo convencional tomada hace tiempo. Hoy cuenta con la certificación Demeter desde 1994 y demuestra que su «locura» es la única respuesta lógica a la crisis de nuestros suelos.Hace 40 años, Friedrich se enamoró de la Finca Jelanisol-Montebello durante una visita a España. En aquel entonces, trabajaba como intermediario de frutas y verduras de producción convencional. Ocurrieron dos cosas que le hicieron reflexionar: Una amiga le regaló un libro sobre permacultura de Bill Mollison que le sirvió de inspiración. Estaba de visita en un campo en Italia y buscaba desesperadamente lombrices en el suelo. Cuando el agricultor le confirmó que no había «porque no hacían falta», Friedrich empezó a reflexionar. Una visión holística: todo está conectadoPara Friedrich, la agricultura no es un proceso aislado, sino parte de un todo. Mantiene una visión muy holística y filosófica del mundo en la que todo —desde el microbioma del suelo hasta el consumidor— está conectado. Para él, su finca no es un simple lugar de producción, sino un organismo vivo en el que el ser humano y la naturaleza coexisten en armonía. Cree que solo puede surgir una sociedad pacífica si producimos en sintonía con la naturaleza. Si lo hacemos bien, hay suficiente para todos; solo no debemos destruir las bases.Uno de los motores más fuertes del trabajo de Friedrich es una profunda preocupación por el estado de nuestra alimentación moderna. Cuenta que muchos de los alimentos que consumimos hoy están «vacíos». Se refiere a productos de la agricultura convencional que, debido a los pesticidas y al largo almacenamiento, ya no poseen ningún valor nutricional significativo. Sigue el principio de «suelo sano = persona sana». Solo un suelo vivo y regenerado puede producir frutos que realmente nutran el cuerpo.Una de las primeras cosas que hizo Friedrich fue crear un gran estanque, no para el riego de la finca, sino única y exclusivamente para los pájaros, ranas, patos y peces. Cuando llueve con fuerza, el agua drena por ahí. Ellos mismos fabrican el abono orgánico mediante microorganismos y suministran minerales a los árboles de forma continua a través del riego por goteo.

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Salvar al níspero de la extinción

Hablamos de un cultivo tradicional que cada vez cuenta con menos adeptos y apoyos; la zona ha pasado de producir 20 millones de kilos en sus mejores años a apenas 7 millones recientemente, y la gran mayoría de parcelas vecinas directamente se están abandonando o transformando en aguacates.Hace poco más de un año, la familia del agricultor Juan Ripoll de finca Camp d’Altea, estaba a punto de abandonar. De manera fortuita, nuestros caminos se cruzaron y, encontrar un modelo que por fin daba sentido y valor a su trabajo, les devolvió de golpe la ilusión de vivir en el campo y a través de él.Paseando por la finca, pudimos charlar, revisar el efecto del viento, el cuajado, el comportamiento de las diferentes variedades y la evolución de las nuevas plantaciones. Lo bonito fue comprobar que los frutos no eran los únicos que estaban cogiendo fuerza; ellos mismos nos recibieron con una energía renovada.Esta familia lleva practicando la agricultura regenerativa toda su vida de forma intuitiva y natural (a día de hoy ya cuentan con su certificación ecológica) y mantienen la firme convicción de que trabajar a favor de la naturaleza y priorizar la salud y el sabor auténtico tiene hoy más sentido que nunca.Injertos de membrillo y balsas de decantación: cómo cultivar nísperos en suelos de yeso y salTodo esto tiene un mérito enorme. Empezando por la exigencia del níspero, ya que requiere una dedicación absoluta y mucha mano de obra: exige una poda constante y cuidadosa para que entre la luz, implica horas a pie de árbol haciendo un minucioso aclareo manual tanto de flor como de fruto, y pide una recolección tremendamente delicada para evitar heridas o marcas en la piel.A esto hay que sumarle que tienen los elementos agronómicos y climáticos bastante en contra. Están en una zona de sequía extrema (en Altea ni siquiera ha llovido durante los temporales que han inundado recientemente el resto de España) y asentados sobre un suelo de yeso muy complejo, marcado por la roca y la sal. Ante esta falta de lluvia, se ven obligados a regar con agua de depuradora, la cual llega con una salinidad altísima, muy por encima de lo que el árbol puede soportar de forma natural.Ver cómo se adaptan o solucionan esto a pie de campo a través de la observación y la experimentación es realmente didáctico. Por ejemplo: riegan desde la capa superior de una gran balsa de decantación para esquivar los sedimentos y mitigar la salinidad; injertaron algunos de los nísperos sobre pies de membrillo (que toleran mucho mejor estas sales actuando como filtro natural); y realizan aportes constantes de estiércol y restos de poda triturados. El resultado salta a la vista: han conseguido dar vida al suelo, albergando una bonita y necesaria flora y fauna auxiliar y reteniendo mucho mejor la humedad.Agricultura regenerativa frente a la precariedad del sistemaEn todo este manejo, los animales son sus grandes aliados. Tienen un rebaño de oveja Guirra (una raza autóctona oficialmente en peligro de extinción, lo que aporta un valor ecológico brutal a la finca) pastando libremente por las parcelas. Ellas hacen de desbrozadoras naturales y fertilizan la tierra de forma constante, excepto cuando el fruto asoma, que toca sacarlas de las parcelas para que no se cobren el trabajo en especie.Sin embargo, mantener este ecosistema vivo hoy en día supone un sacrificio y un coste logístico muy elevado. El tejido rural de su comarca está desapareciendo: apenas queda una quesería, ya no hay agricultores con cuadras para ayudar a gestionar el estiércol, y el matadero municipal cerró hace años, obligándoles a hacer más de 100 kilómetros para encontrar el más cercano.Para más inri, la realidad externa casi se los lleva por delante. Por un lado, su colchón económico tradicional, que era la almendra, se esfumó de un soplo cuando la plaga de la Xylella les obligó a arrancar todos sus árboles de raíz. El golpe definitivo llegó de la mano del sistema: llevaban años entregando su fruta a la cooperativa local, soportando precios abusivos y unas exigencias estéticas irreales, hasta que una gestión deficiente y corrupta hizo quebrar la entidad. Se encontraron de la noche a la mañana con la cosecha entregada, sin cobrar y una situación financiera crítica.Tras años de precios abusivos y una gestión que les dio la espalda, encontrar en CrowdFarming un modelo vuelva a darle sentido y valor real a su trabajo les ha devuelto la ilusión por vivir en el campo y a través de él. 

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La ciencia detrás de la dulzura

Tenemos a Antonio de «Sicilian Passion» en Sicilia. En una región tradicionalmente conocida por sus cítricos, Antonio decidió tomar un camino diferente hace varios años: cultiva fruta de la pasión (¡e incluso papayas!). Una parte crucial de nuestra colaboración consiste en determinar con precisión el momento de la cosecha. Nuestros equipos miden el contenido de azúcar directamente en el campo. Con un refractómetro, se determina el valor Brix para garantizar que la fruta haya alcanzado la madurez fisiológica necesaria y haya desarrollado todo su perfil aromático. La cosecha solo comienza una vez alcanzados estos umbrales. En el vídeo a continuación, pueden ver a nuestro compañero Angelo tomando estas mediciones. Es muy divertido, porque literalmente estás mirando hacia el futuro. Características de maduración y etimologíaUn rasgo de calidad importante de la maracuyá es el estado de su cáscara. A diferencia de muchas variedades de fruta, aquí se aplica lo siguiente: cuanto más pronunciadas sean las arrugas de la fruta, mayor será el contenido de azúcar. Debido a la ligera evaporación durante el proceso de maduración, el azúcar de la fruta se concentra en el interior, mientras que la acidez disminuye sutilmente. Hay dos cosechas al año: una en los meses de invierno y otra en los de verano. Especialmente en verano, los frutos están más «arrugados», ya que el líquido se evapora más rápido por el calor. ¿Sabías que el nombre de “fruta de la pasión” deriva de la iconografía cristiana? Los misioneros españoles del siglo XVI interpretaron la compleja estructura de la flor como símbolos de la Pasión de Cristo. Los filamentos de la flor se asociaron con la corona de espinas, los tres estigmas con los clavos de la cruz y los cinco estambres con las llagas. En la galería encontrarás una imagen en la que se puede apreciar muy bien.

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