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Publicado Marzo 2026

Cambio de estación en Riconatura, una huerta ecológica en el Parque Agroecológico Soto del Grillo

Es primavera y el campo lo sabe. En Riconatura están ultimando su cosecha de invierno y preparando su cultivo de verano. Su huerta, en el Parque Agroecológico Soto del Grillo, en Rivas Vaciamadrid, se dedica a la agroecología y como reza su lema practican una “agricultura que cuida el producto, el entorno y la salud de las personas”. Dos hectáreas en las que producen desde hace tres años, productos de temporada y siendo respetuosos con el entorno natural. Acompañamos a Felix Ledesma Diego, a recoger las últimas hortalizas del invierno.

En un entorno privilegiado, dentro Parque Regional del Sureste de la Comunidad de Madrid con una rica biodiversidad que la componen “vegas de huerta, cereales, lagunas, humedales, recortados, y una amplísima fauna con más de 120 especies”,

Felix Ledesma comenzó a dar forma a su huerto en 2018.  Un producto fresco, natural, de kilómetro cero que distribuye a las Colmenas de Rivas Vaciamadrid y Camarma de Esteruelas, además de su tienda. “Queremos ir poco a poco, intentando siempre ofrecer nuestro producto de temporada. Tenemos pedidos pero nos gustaría ir a más”. 

La realidad del campo

Es una zona rica en campos hortícolas donde durante los últimos años ha habido cierto flujo de emprendedores que se encaminaban en un proyecto de huerto pero terminaban por marcharse. “Lo bueno de estas huertas es que el Ayuntamiento las alquila baratas, son 400€ la hectárea al año y te da el agua. El problema de España es que la gente abandona el campo porque no termina siendo rentable” señala Felix.

Aún quedan un puñado de apasionados por él, como Felix y su equipo, que se dedican a cuidarlo. “Hace 9 años salieron 18 proyectos, hoy somos cuatro. Sigo siendo agente de seguros. Esto me lo tomo como un reto, pero quiero hacerlo rentable” confiesa. Originario de Salamanca, viene de familia de agricultores y su vida ha ido siempre ligada al campo y el campo le ha devuelto el respiro que necesitaba. Pero confiesa, “que es muy duro”.

Felix visita de lunes a viernes la huerta y le lleva a Ignacio, que está en la tienda desde donde organizan los pedidos, lo recolectado. Aunque lo que más trabajo nos da y tiempo les quita es la preparación de los terrenos antes de cosechar, y es que no recurren a mucha maquinaria para su trabajo: “solo tenemos desbrozadora, dos máquinas cortacésped y dos motoazadas, y se acabó”. De vez en cuando cuentan con los tractores de una vaquería cercana que por un módico precio les ayuda a agilizar la tarea. 

Un ejército de flores para proteger la huerta

Ellos están dados de alta en el CAEM -Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad de Madrid- como productores ecológicos. Lo que les caracteriza principalmente es que no utilizan herbicidas “es lo que más residuos deja en el suelo”.

Su riego está enterrado por goteo, utilizan estiércol de vacas de ganaderías ecológicas “y aunque dejemos crecer las hierbas naturalmente utilizamos mayas para que a algunas plantas no las molesten. Hay ciertas plantas que son muy beneficiosas, como el tagete -unos clavelitos de color naranja- y otras para el pulgón y la araña roja que aniquila el tomate. También vamos a poner lavanda y romero”.

Más de 25 especies a lo largo del año

De su huerto nacen diversos tipos de coles, acelgas, espinacas y otras hortalizas de hoja grande, lechuga, perejil, tomates, patatas, pimientos, ajos y otros muchos más. La kale la plantaron en octubre y deben esperar a fin de año para comenzar a recolectar sus pequeñas ramitas que van cortando una a una. “Las coliflores se nos han dado fenomenal, las hemos aprovechado prácticamente todas”. 

Ahora están en plena transición de invierno a verano, “estamos empezando con el ajo tierno y el ajo, patatas, colirábano…para cosechar en primavera-verano. Ocho variedades de pimiento: “el gordo, el italiano, el piquillo…”; otras tantas de lechuga -que estará lista en dos meses, el pimiento tardará un poco más, en julio-. “Tenemos todo variedades de tomates de Madrid, el gordo de Patones, el antiguo, el moruno…” Y hasta uno suyo que crearon, a partir de semillas, el tomate Riconatura, fruto del proyecto “que empezó por esa necesidad de recuperar el sabor del tomate”. También plantarán pronto cuatro clases de sandía y melones. 

El cambio climático ya se nota en la huerta de Riconatura, el vaivén de las temperaturas no ha facilitado un óptimo crecimiento de algunas de las hortalizas que no han terminado de dar su fruto y que por las altas temperaturas que ha habido algunos días atrás han comenzado a desarrollar su flor. “Si el frío hubiese aguantado dos o tres semanas más los repollos podrían durar prácticamente todo el mes de abril, pero ya se están abriendo. La col lo mismo, coliflor vamos a poder sacar solo dos semanas. Tenemos que desechar mucho porque hay producto que no se puede vender” cuenta Felix. 

Por su ubicación, en esa huerta los cultivos de verano “se planta hacia mayo para evitar el riesgo de heladas, y sobrevivir por tener hojas más finas. Son unas plantas heroicas, soportaron a Filomena, con temperaturas de -20 grados. Pilló a la planta algo más pequeña y además les dejamos puesta la manta térmica, que soportaba la nieve. La dejamos durante el invierno y la quitamos hace dos semanas”. 

Su ilusión no es solo cosechar y distribuir su producto, también lo es la divulgación de la agricultura ecológica y por eso quieren organizar visitas de a la huerta para que los “clientes puedan colaborar con nosotros en alguna tarea y enseñarles, de dónde viene cada planta y a qué temporada pertenece”.

Escrito por Natalia Martínez, periodista gastronómica.

Written by ¡La Colmena Que Dice Sí!

¡La Colmena Que Dice Sí!

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El «alemán loco» 40 años después

Si acompañas a Friedrich por su finca cerca de Gibraleón, escucharás sobre todo una cosa: un estruendoso concierto de cantos de pájaros. Pero tras este idilio se esconde una decisión radical contra lo convencional tomada hace tiempo. Hoy cuenta con la certificación Demeter desde 1994 y demuestra que su «locura» es la única respuesta lógica a la crisis de nuestros suelos.Hace 40 años, Friedrich se enamoró de la Finca Jelanisol-Montebello durante una visita a España. En aquel entonces, trabajaba como intermediario de frutas y verduras de producción convencional. Ocurrieron dos cosas que le hicieron reflexionar: Una amiga le regaló un libro sobre permacultura de Bill Mollison que le sirvió de inspiración. Estaba de visita en un campo en Italia y buscaba desesperadamente lombrices en el suelo. Cuando el agricultor le confirmó que no había «porque no hacían falta», Friedrich empezó a reflexionar. Una visión holística: todo está conectadoPara Friedrich, la agricultura no es un proceso aislado, sino parte de un todo. Mantiene una visión muy holística y filosófica del mundo en la que todo —desde el microbioma del suelo hasta el consumidor— está conectado. Para él, su finca no es un simple lugar de producción, sino un organismo vivo en el que el ser humano y la naturaleza coexisten en armonía. Cree que solo puede surgir una sociedad pacífica si producimos en sintonía con la naturaleza. Si lo hacemos bien, hay suficiente para todos; solo no debemos destruir las bases.Uno de los motores más fuertes del trabajo de Friedrich es una profunda preocupación por el estado de nuestra alimentación moderna. Cuenta que muchos de los alimentos que consumimos hoy están «vacíos». Se refiere a productos de la agricultura convencional que, debido a los pesticidas y al largo almacenamiento, ya no poseen ningún valor nutricional significativo. Sigue el principio de «suelo sano = persona sana». Solo un suelo vivo y regenerado puede producir frutos que realmente nutran el cuerpo.Una de las primeras cosas que hizo Friedrich fue crear un gran estanque, no para el riego de la finca, sino única y exclusivamente para los pájaros, ranas, patos y peces. Cuando llueve con fuerza, el agua drena por ahí. Ellos mismos fabrican el abono orgánico mediante microorganismos y suministran minerales a los árboles de forma continua a través del riego por goteo.

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Salvar al níspero de la extinción

Hablamos de un cultivo tradicional que cada vez cuenta con menos adeptos y apoyos; la zona ha pasado de producir 20 millones de kilos en sus mejores años a apenas 7 millones recientemente, y la gran mayoría de parcelas vecinas directamente se están abandonando o transformando en aguacates.Hace poco más de un año, la familia del agricultor Juan Ripoll de finca Camp d’Altea, estaba a punto de abandonar. De manera fortuita, nuestros caminos se cruzaron y, encontrar un modelo que por fin daba sentido y valor a su trabajo, les devolvió de golpe la ilusión de vivir en el campo y a través de él.Paseando por la finca, pudimos charlar, revisar el efecto del viento, el cuajado, el comportamiento de las diferentes variedades y la evolución de las nuevas plantaciones. Lo bonito fue comprobar que los frutos no eran los únicos que estaban cogiendo fuerza; ellos mismos nos recibieron con una energía renovada.Esta familia lleva practicando la agricultura regenerativa toda su vida de forma intuitiva y natural (a día de hoy ya cuentan con su certificación ecológica) y mantienen la firme convicción de que trabajar a favor de la naturaleza y priorizar la salud y el sabor auténtico tiene hoy más sentido que nunca.Injertos de membrillo y balsas de decantación: cómo cultivar nísperos en suelos de yeso y salTodo esto tiene un mérito enorme. Empezando por la exigencia del níspero, ya que requiere una dedicación absoluta y mucha mano de obra: exige una poda constante y cuidadosa para que entre la luz, implica horas a pie de árbol haciendo un minucioso aclareo manual tanto de flor como de fruto, y pide una recolección tremendamente delicada para evitar heridas o marcas en la piel.A esto hay que sumarle que tienen los elementos agronómicos y climáticos bastante en contra. Están en una zona de sequía extrema (en Altea ni siquiera ha llovido durante los temporales que han inundado recientemente el resto de España) y asentados sobre un suelo de yeso muy complejo, marcado por la roca y la sal. Ante esta falta de lluvia, se ven obligados a regar con agua de depuradora, la cual llega con una salinidad altísima, muy por encima de lo que el árbol puede soportar de forma natural.Ver cómo se adaptan o solucionan esto a pie de campo a través de la observación y la experimentación es realmente didáctico. Por ejemplo: riegan desde la capa superior de una gran balsa de decantación para esquivar los sedimentos y mitigar la salinidad; injertaron algunos de los nísperos sobre pies de membrillo (que toleran mucho mejor estas sales actuando como filtro natural); y realizan aportes constantes de estiércol y restos de poda triturados. El resultado salta a la vista: han conseguido dar vida al suelo, albergando una bonita y necesaria flora y fauna auxiliar y reteniendo mucho mejor la humedad.Agricultura regenerativa frente a la precariedad del sistemaEn todo este manejo, los animales son sus grandes aliados. Tienen un rebaño de oveja Guirra (una raza autóctona oficialmente en peligro de extinción, lo que aporta un valor ecológico brutal a la finca) pastando libremente por las parcelas. Ellas hacen de desbrozadoras naturales y fertilizan la tierra de forma constante, excepto cuando el fruto asoma, que toca sacarlas de las parcelas para que no se cobren el trabajo en especie.Sin embargo, mantener este ecosistema vivo hoy en día supone un sacrificio y un coste logístico muy elevado. El tejido rural de su comarca está desapareciendo: apenas queda una quesería, ya no hay agricultores con cuadras para ayudar a gestionar el estiércol, y el matadero municipal cerró hace años, obligándoles a hacer más de 100 kilómetros para encontrar el más cercano.Para más inri, la realidad externa casi se los lleva por delante. Por un lado, su colchón económico tradicional, que era la almendra, se esfumó de un soplo cuando la plaga de la Xylella les obligó a arrancar todos sus árboles de raíz. El golpe definitivo llegó de la mano del sistema: llevaban años entregando su fruta a la cooperativa local, soportando precios abusivos y unas exigencias estéticas irreales, hasta que una gestión deficiente y corrupta hizo quebrar la entidad. Se encontraron de la noche a la mañana con la cosecha entregada, sin cobrar y una situación financiera crítica.Tras años de precios abusivos y una gestión que les dio la espalda, encontrar en CrowdFarming un modelo vuelva a darle sentido y valor real a su trabajo les ha devuelto la ilusión por vivir en el campo y a través de él. 

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La ciencia detrás de la dulzura

Tenemos a Antonio de «Sicilian Passion» en Sicilia. En una región tradicionalmente conocida por sus cítricos, Antonio decidió tomar un camino diferente hace varios años: cultiva fruta de la pasión (¡e incluso papayas!). Una parte crucial de nuestra colaboración consiste en determinar con precisión el momento de la cosecha. Nuestros equipos miden el contenido de azúcar directamente en el campo. Con un refractómetro, se determina el valor Brix para garantizar que la fruta haya alcanzado la madurez fisiológica necesaria y haya desarrollado todo su perfil aromático. La cosecha solo comienza una vez alcanzados estos umbrales. En el vídeo a continuación, pueden ver a nuestro compañero Angelo tomando estas mediciones. Es muy divertido, porque literalmente estás mirando hacia el futuro. Características de maduración y etimologíaUn rasgo de calidad importante de la maracuyá es el estado de su cáscara. A diferencia de muchas variedades de fruta, aquí se aplica lo siguiente: cuanto más pronunciadas sean las arrugas de la fruta, mayor será el contenido de azúcar. Debido a la ligera evaporación durante el proceso de maduración, el azúcar de la fruta se concentra en el interior, mientras que la acidez disminuye sutilmente. Hay dos cosechas al año: una en los meses de invierno y otra en los de verano. Especialmente en verano, los frutos están más «arrugados», ya que el líquido se evapora más rápido por el calor. ¿Sabías que el nombre de “fruta de la pasión” deriva de la iconografía cristiana? Los misioneros españoles del siglo XVI interpretaron la compleja estructura de la flor como símbolos de la Pasión de Cristo. Los filamentos de la flor se asociaron con la corona de espinas, los tres estigmas con los clavos de la cruz y los cinco estambres con las llagas. En la galería encontrarás una imagen en la que se puede apreciar muy bien.

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