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Agricultura regenerativa

16 min

Publicado Marzo 2026

La carne de pasto pone patas arriba nuestra relación con el sello ecológico

Al prepararnos para integrar a productores de carne y huevos en CrowdFarming, iniciamos una ronda de consultas con ganaderos con los que compartimos valores —la mayoría líderes del movimiento regenerativo en Europa— para descubrir que muchos operan en los márgenes del sello ecológico. Este artículo ahonda en las principales trabas que estos productores encuentran a la hora de avanzar en la regeneración mientras mantienen la certificación ecológica.

Antes de entrar en faena dejemos algo claro: la normativa ecológica representa un gran salto frente a la gran mayoría de la ganadería industrial. A día de hoy, es la mejor herramienta de la que disponemos a nivel europeo para garantizar un marco común de prácticas ecológicas – como que los animales vivan libres de jaulas, tengan acceso al aire libre y se alimenten sin agrotóxicos ni OGM – que nos permite identificar a los ganaderos que se esfuerzan por llevarlas a cabo y que llegue de forma transparente a quien decide consumir alimentos producidos de esta forma.

Podríamos mirar hacia otro lado, pero preferimos navegar este terreno incómodo entre la regeneración y la certificación. Preferimos posicionarnos sobre lo que no está funcionando, se lo debemos a nuestros productores ecológicos y regenerativos y a los lectores y consumidores que confían en nosotros. Se lo debemos al movimiento ecológico, que tanto nos ha dado. Creemos que no es siendo fans incondicionales como somos mas útiles, si no transmitiendo estos retos para así poder evolucionar juntos.

¿Qué come lo que comemos, y por qué importa?

¿Cómo vive y como muere un animal ecológico?

¿Cómo podemos premiar - en vez de castigar - la regeneración?

La madre del cordero: ¿Qué come lo que comemos?

Antes de hablar de certificaciones, hay que hablar de biología. Para entender el impacto de la carne que consumimos, primero debemos preguntarnos cuál es el estado natural de estos animales y qué deberían comer según su evolución.

El menú “natural” de herbívoros y omnívoros

Los rumiantes (como vacas y ovejas) están hechos para comer hierba: tienen un sistema digestivo diseñado biológicamente para fermentar celulosa. En la naturaleza, esto no consiste de un monocultivo de alfalfa, sino en un ecosistema megadiverso. Un rumiante salvaje forrajea a diario una enorme variedad de gramíneas, leguminosas, hierbas y arbustos que le aportan los nutrientes y aceites esenciales que necesita.

"No todos los animales pueden vivir de masticar hierba. Los cerdos criados libres en la dehesa de la península Ibérica necesitan complementos en verano, porque sencillamente no pueden comer hierba seca." — Equipo de Orgo (Portugal)

Por otro lado, los cerdos y las gallinas son omnívoros (como nosotros). Por mucho que vivan en el campo, no pueden vivir solo de masticar hierba, necesitan un aporte extra de proteína que de forma natural encontraban en el suelo. Un cerdo hoza la tierra en busca de raíces, tubérculos, hongos y frutos (como la bellota), mientras que una gallina forrajea activamente escarbando en busca de insectos, lombrices y semillas silvestres.

Directos al grano (y el dilema de la soja)

La normativa ecológica ha hecho un gran trabajo asegurando que la mayor parte de la dieta de herbívoros sea forraje natural (un mínimo del 60-70%). Sin embargo, para los ganaderos 100% de pasto, ese 30% restante permitido para complementar con piensos y cereales ecológicos marca una gran diferencia.

"Es un tema meramente económico. La certificación ecológica permite alimentar a una vaca con grano y almidón para acelerar artificialmente su engorde, permitiendo sacrificar al animal a los 10 meses. Una alimentación 100% a pasto exige de 20 a 30 meses de crecimiento lento, y todo eso son más gastos por animal.” - Marisa Reig, Biograssfed.

Que una vaca coma 100% pasto no significa simplemente abrirle la puerta al campo. Requiere agua, terreno y un nivel de dedicación extremo. Benedikt Bösel, de la finca Gut & Bösel (Alemania), lo resume en un compromiso 24/7. Este esfuerzo imita el movimiento de los rebaños salvajes, garantizando los periodos de descanso necesarios para evitar el sobrepastoreo y lograr una regeneración real del suelo.

"Trabajamos con vallas móviles que reorganizamos a diario, de modo que las vacas pasan de una parcela a otra varias veces al día.” - Benedikt Bösel, de la finca Gut & Bösel (Alemania)

Para los omnívoros, el sustituto moderno de esos insectos, semillas y raíces silvestres es la soja. José Luis, responsable de la granja avícola regenerativa Poultree, ilustra la gran paradoja del sector: el pollo necesita la soja por ser la proteína vegetal más equilibrada y digerible. Sin embargo, la Unión Europea apenas produce el 3% de la soja que consume y la poca soja ecológica que se cultiva en Europa se destina a consumo humano (bebidas vegetales y procesados veganos) a precios altísimos. Esto empuja a los ganaderos ecológicos a elegir entre importar soja con certificación desde Latinoamérica, o consumir soja local y perder el certificado.

"¿Por qué no simplemente criar pollos sin soja? Porque biológicamente y económicamente es casi imposible. Eliminarla de la dieta dispararía los costes a unos inviables 58€ por pollo y daría como resultado una carne más dura y oscura, haciendo muy dificil encontrar un mercado." — José Luis (Poultree)

¿Y qué importa lo que come nuestra comida?

La salud no entiende de sellos, entiende de bioquímica.

Cuando un rumiante abandona el pasto megadiverso y se alimenta con dietas industriales a base de grano—incluso si se trata de grano ecológico—, la composición de su grasa cambia drásticamente. Su carne acumula un exceso de grasas Omega-6 (que en exceso son proinflamatorias) frente a las saludables Omega-3, alcanzando ratios perjudiciales de 14 a 1 (Duckett et al., 1993; Simopoulos, 2010).

En cambio, cuando devolvemos al animal a su dieta natural 100% a pasto, este ratio desciende a niveles óptimos por debajo de 2 a 1, un equilibrio antiinflamatorio comparable al del salmón salvaje o pescados azules (Daley et al., 2010; French et al., 2000). Además, esa dieta natural basada en forraje vivo dispara la densidad de vitaminas A y E y multiplica por dos o tres las grasas cardioprotectoras (CLA) (Daley et al., 2010). En resumen: la dieta del animal es la línea que separa un alimento nutritivo de uno inflamatorio.

Esta superioridad nutricional y la vida en movimiento cambian por completo la estructura de la carne, obligándonos a reaprender a comerla. Como resume Marisa Reig (Biograssfed): “La carne de animales alimentados con pienso sabe a pienso. En cambio, un animal que se ha alimenta de un pasto diverso, produce una carne llena de matices.”

¿Cómo vive y como muere un animal ecológico?

Pero la biología no solo dicta lo que el animal come, sino también su propia genética.

“Para recuperar la raza autóctona de la vaca Murcia Levantina, tomamos la decisión de introducir reproductores que no provienen de fincas ecológicas. No podremos vender carne ecológica este año.” La Junquera, España

Los tiempos de conversión ecológica en ganadería pueden durar 12 meses o más, una salvaguarda imprescindible para asegurar que el animal está libre de cualquier práctica convencional anterior. Sin embargo, esto crea paradojas difíciles para los pioneros regenerativos. Por ejemplo, en la finca La Junquera decidieron apostar por recuperar la vaca Murcia Levantina, una raza autóctona rústica ideal para el pastoreo, pero de la que apenas quedan ejemplares y no existían reproductores ecológicos. Al priorizar la biodiversidad genética y la salud del ecosistema, asumen voluntariamente ese necesario periodo de conversión, renunciando a vender su carne bajo el sello ecológico durante ese año.

A nivel de bienestar animal, el sello ecológico es una garantía indiscutible frente al sistema convencional: prohíbe las jaulas y exige siempre que los animales, como los cerdos o las aves, tengan acceso garantizado a patios al aire libre para que puedan “expresar sus comportamientos naturales”. Sin embargo, cuando observamos a la vanguardia regenerativa, vemos que la biología empuja los estándares un paso más allá.

Mientras que el estándar ecológico permite que el acceso al exterior se realice en un corral fijo (cuyo suelo, por el pisoteo constante, puede perder su cubierta vegetal), los modelos regenerativos priorizan la rotación constante sobre pastos vivos. Como alerta Guiomar, ganadera ecológica y regenerativa en España, el problema de este sistema es que «al no rotar el ganado y estar fijos en una nave, siempre están pisando el mismo suelo que se acaba destruyendo en vez de regenerarse».

La odisea del matadero ecológico

El bienestar animal no solo trata de cómo vive un animal, sino de cómo es su último día. Más allá de la ética, el estrés del transporte genera cortisol, causando que la carne pierda su capacidad de retención de agua, volviéndola más oscura, dura y seca. Para evitar este sufrimiento y el deterioro de la carne, un ganadero – indistintamente de la importancia que le de al bienestar del animal – lógicamente preferiría elegir el matadero local a 20 minutos de su finca. Sin embargo, si ese matadero municipal no esta certificado en ecológico, llevar al animal allí supone perder automáticamente el sello.

Las estrictas normativas ecológicas de trazabilidad y separación en mataderos y salas de despiece son fundamentales para evitar fraudes y proteger al consumidor. El problema no es que la norma sea mala, sino que cada vez es más dificil acceder a mataderos locales, que además estén dispuestos a certificarse en ecológico.

"El sector del pollo - y esto aplica también a otros animales - está en manos de grandes empresas integradoras que tienen sus propios mataderos y no sacrifican para terceros. Cada vez quedan menos opciones locales, y exigirles abrir una línea ecológica es un incordio documental de trazabilidad paralela y separación física que no quieren asumir." — José Luis (Poultree, España)

Pero el cuello de botella no termina en el matadero, la «sala de despiece» y la carnicería donde se procesan también deben estar certificadas. Y si el sello sobrevive hasta aquí, y productor quiere hacer hamburguesas o embutidos para dar salida a toda su carne ecológica, se enfrenta a un último muro: el 95% de los ingredientes deben ser certificados. Como lamenta la ganadera Guiomar, para algo tan simple como añadir ajo en polvo a una hamburguesa tiene que buscar a un proveedor de grandes cantidades con el sello oficial.

"El cliente tiene derecho a saber exactamente lo que está comiendo." - Marisa Reig (Biograssfed)

Marisa explica que el problema es de los que lo ven solo desde el prisma de los productores – dónde solo ven burocracia – en vez de verlo como consumidores. Para Marisa, el 100% de los ingredientes deberían estar certificados en ecológico. Aunque algunos digan que peca de “integrista”, ella lo defiende como la única forma de devolver el poder de decisión al consumidor.

Hackeando el día final

Frente a estas limitiaciones logísticas y burocráticas, los productores más pioneros del movimiento regenerativo están buscando alternativas radicales para erradicar por completo la fase del transporte. En Portugal, el equipo de Orgo está impulsando el uso de mataderos móviles —unidades que cuestan cerca de 300.000 €— que viajan de finca en finca para «sacrificar a los animales con bajo estrés» en su propio entorno y procesar la carne localmente. En Alemania, han ido un paso más allá gracias a normativas regionales más flexibles y han optado por disparar al ganado directamente en el campo.

"Nunca ven el interior de un camión. Nunca tienen que pasar por el matadero." — Gut & Bösel (Alemania).

Ante la imposibilidad de encontrar instalaciones ecológicas, productores como Marisa Reig (Biograssfed) se han visto obligados a montar su propia sala de despiece ecológica en la finca e incluso una carnicería en una localidad cercana, que tuvieron que acabar cerrando porque no era rentable.

¿Cómo podemos premiar – en vez de castigar – la regeneración?

Sabemos que la regeneración de los suelos depende de la integración del sistema agrícola y el ganadero: devolver a los animales a la tierra para que cierren el ciclo de nutrientes – ya sea literalmente, o replicándolo de alguna forma (fertilizando con compost para imitar su estiércol, o tumbando la cubierta vegetal para emular el pisoteo que retiene la humedad). Prácticas como que un rebaño de ovejas limpie las calles de los viñedos y abone la tierra, o que el ganado pastoree los bosques para prevenir incendios, son fundamentales para recuperar los suelos europeos.

Si eso no fuera suficiente, esta integración agroganadera nos ofrece servicios ecosistémicos invaluables a toda la sociedad, capturando CO₂ de la atmósfera y almacenándolo en la tierra (Stanley et al., 2018; Teague et al., 2016) mientras mejoran su fertilidad, convirtiendo el suelo en una esponja protegiéndonos frente a sequías, inundaciones (Fließbach et al., 2007; Zani et al., 2021) y multiplicando la biodiversidad (Tallowin et al., 2005; Yang et al., 2019)

A pesar de todos estos beneficios, aquel que desee llevarlo a la práctica choca de frente con una regulación que no está diseñada para la complejidad.

El papel no lo aguanta todo

Cuando un agricultor, no sin cierto vértigo, se anima a introducir ganado entre sus cultivos, se enfrenta a un aluvión burocrático, sumado la incertidumbre económica: el miedo a que integrar animales o pastorear bosques haga que esas tierras dejen de computar como «superficie agrícola elegible» para las ayudas de la PAC. Estos agricultores buscan imitar los procesos de la naturaleza, en la que animales y plantas conviven. Sin embargo, el sistema legal y la PAC dividen rígidamente el uso del suelo entre lo que es estrictamente «agrícola», «ganadero» o «forestal».

Es innegable que las grandes estructuras normativas tienen su función. El sello ecológico sigue siendo la mejor herramienta de la que disponemos a nivel Europeo para garantizar un marco común de prácticas permitidas. Por su parte, la Política Agraria Común (PAC) ha tenido un papel histórico sosteniendo al sector y podría convertirse en la principal palanca para fomentar una transición que remunere económicamente los servicios ambientales que estos agricultores prestan a la sociedad.

Pero como apunta Marisa, el modelo a seguir no debería ser un sello de ‘mínimos’ burocráticos, sino un sistema que impulse a evolucionar. Ejemplos como el del Instituto Savory, que exige analíticas de suelo cada 5 años para demostrar una mejora ecológica real y continua, o el índice de regeneración de CrowdFarming, nos marcan el camino para premiar el impacto positivo, y no solo el cumplimiento de unos criterios.

Ante las limitaciones de estos sistemas, están surgiendo formas complementarias para validar y premiar el esfuerzo de estos pioneros.

Si no te lo crees ven a verlo

José Luis (Poultree) ilustra a la perfección este cambio de paradigma. Aunque cría a sus vacas en un modelo regenerativo (100% a pasto), ha decidido no certificar su carne de vacuno en ecológico. Reconoce que certificar rumiantes es mucho más accesible – su dieta es 100% pasto y no dependen de importar soja ecológica de América Latina – pero simplemente no le hace falta el sello. Al explicar su manejo de forma transparente, ha logrado despachar entre 500 y 600 pollos a la semana y unas 10 o 12 vacas al mes.

Al final, como señala Marisa, la transparencia radical – y la conciencia de cada uno – es el único camino; si un productor miente en su manejo «lo sabrá al irse a a la cama y, bueno, pueden denunciarle también.” El consumidor tiene el poder de levantar el teléfono, llamar a su productor y preguntarle directamente cómo cría a sus animales. De hecho, en su finca de Can Genover han ido un paso más allá, rehabilitando antiguas casas del vecindario para poder alojar a personas interesadas en conocer el ecosistema. Al final, esta transparencia radical genera un nivel de confianza y seguridad que ninguna auditoría de papel puede igualar.

Junto a la venta directa, estos productores están impulsando los Sistemas Participativos de Garantía (SPG) o modelos de «autoauditoría» del propio colectivo. La propuesta, que ya aplican organizaciones como la Asociación de Productores de Ganado Criado a Pasto (DeYerba) en España, se basa en una validación comunitaria. En lugar de un inspector externo ajeno a la realidad del campo, es la propia red de ganaderos la que evalúa, audita y acepta las prácticas de sus compañeros.

“Un ganadero con experiencia solo necesita hacer un puñado de preguntas clave (sobre disponibilidad de agua, hectáreas, cabezas de ganado y alimentación) para saber si otro productor está realmente alimentando a sus animales 100% a pasto.” - Marisa Reig. Biograssfed.

El reto de escalar la confianza

Al intentar abrir este modelo al gran público, pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿son estos sistemas lo suficientemente sólidos en si mismos como para permitir realmente la escala y asegurar la confianza a distancia?

Mientras que la autoauditoría puede funcionar a nivel local, llevarlo a un mercado europeo a gran escala plantea desafíos y requiere de mecanismos complementarios, como la propia certificación ecológica y protocolos para medir el impacto real en el ecosistema, que nos permiten certificar no solo lo que no se hace, sino el impacto tangible.

Quizás el sistema del futuro no pasa por descartar las certificaciones o hacerlas aún más complejas, sino por construir sobre ellas. Que sobre esa base legal sólida, todos asumamos, además, nuestra responsabilidad. Que los productores vuelvan a ser los guardianes de cómo producir, auditándose entre ellos, compartiendo conocimiento y elevando el listón ecológico y regenerativo del colectivo. Y que nosotros, como sociedad, seamos los guardianes de qué consumimos, interesándonos por el origen de nuestros alimentos.

 

Fuentes

European Parliament and the Council of the European Union. (2018). Regulation (EU) 2018/848 of the European Parliament and of the Council of 30 May 2018 on organic production and labelling of organic products and repealing Council Regulation (EC) No 834/2007. Official Journal of the European Union.

Daley, C. A., Abbott, A., Doyle, P. S., Nader, G. A., & Larson, S. (2010). A review of fatty acid profiles and antioxidant content in grass-fed and grain-fed beef. Nutrition Journal, 9(1), 10. https://doi.org/10.1186/1475-2891-9-10

Duckett, S. K., Wagner, D. G., Yates, L. D., Dolezal, H. G., & May, S. G. (1993). Effects of time on feed on beef nutrient composition. Journal of Animal Science, 71(8), 2079-2088.

French, P., Stanton, C., Lawless, F., O’Riordan, E. G., Monahan, F. J., Caffrey, P. J., & Moloney, A. P. (2000). Fatty acid composition, including conjugated linoleic acid, of intramuscular fat from steers offered grazed grass, grass silage, or concentrate-based diets. Journal of Animal Science, 78(11), 2849-2855.

Simopoulos, A. P. (2010). The omega-6/omega-3 fatty acid ratio: health implications. OCL – Oilseeds and fats, Crops and Lipids, 17(5), 267-275.

Fließbach, A., Oberholzer, H. R., Gunst, L., & Mäder, P. (2007). Soil organic matter and biological soil quality indicators after 21 years of organic and conventional farming. Agriculture, Ecosystems & Environment, 118(1-4), 273-284.

Stanley, P. L., Rowntree, J. E., Beede, D. K., DeLonge, M. S., & Hamm, M. W. (2018). Impacts of soil carbon sequestration on life cycle greenhouse gas emissions in Midwestern USA beef finishing systems. Agricultural Systems, 162, 249-258.

Tallowin, J. R. B., Rook, A. J., & Rutter, S. M. (2005). Impact of grazing management on biodiversity of grasslands. Animal Science, 81, 193-198.

Teague, W. R., Apfelbaum, S. I., Lal, R., Kreuter, U. P., Rowntree, J. E., Davies, C. A., … & Byck, P. (2016). The role of ruminants in reducing agriculture’s carbon footprint in North America. Journal of Soil and Water Conservation, 71(2), 156-164.

Yang, Y., Furey, G., & Lehman, C. (2019). Soil carbon sequestration accelerated by restoration of grassland biodiversity. Nature Communications, 10.

Zani, C. F., Gowing, J., Abbott, G. D., Taylor, J. A., Lopez-Capel, E., & Cooper, J. (2021). Grazed temporary grass-clover leys in crop rotations can have a positive impact on soil quality under both conventional and organic agricultural systems. European Journal of Soil Science, 72, 1513-1529.

Written by Cristina Domecq

Cristina Domecq

Cristina Domecq es Head of Impact en CrowdFarming. Su labor se desarrolla en el punto de encuentro entre la estrategia corporativa, el campo y la conversación social, convencida de que las claves para arreglar el sistema alimentario se revelan en esa intersección. Su objetivo es lograr un cambio de comportamiento duradero; una misión que solo funciona si tanto los agricultores como los consumidores están verdaderamente comprometidos.

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Agricultura regenerativa

11 min

La pregunta de la carne

El camino hacia un sistema agrícola verdaderamente regenerativo suele desarrollarse de formas inesperadas. Para muchos de nuestros agricultores ecológicos, el recorrido comenzó con la adopción de cultivos de cobertura, plantas cultivadas no principalmente para su cosecha, sino para proteger y enriquecer el suelo. Sin embargo, gestionar estos cultivos de cobertura —especialmente en paisajes complejos como los bancales de aguacates del sur de España o en terrenos ondulados de viñedos donde el acceso de maquinaria es limitado— supuso un nuevo reto. Buscando soluciones, estos agricultores redescubrieron un aliado ancestral: el ganado. Descubrieron que los animales eran sorprendentemente eficaces para manejar estas “malas hierbas” y cultivos de cobertura. Pero los beneficios no terminan ahí. La integración del ganado desencadenó una cascada de efectos ecológicos positivos. Su estiércol proporciona una fuente natural de fertilizante, rica en nutrientes y materia orgánica, mejorando progresivamente la salud del suelo. La ligera perturbación causada por sus pezuñas puede ayudar a romper capas superficiales compactadas y a incrustar semillas en el suelo, favoreciendo la germinación y la diversidad vegetal. Al pastar, pisan materia vegetal, creando un acolchado natural que protege el suelo de la erosión y ayuda a retener la humedad. Además, los animales pueden transportar semillas en su pelaje o su aparato digestivo, contribuyendo a la dispersión de especies vegetales y aumentando la biodiversidad, un proceso conocido como zoochoría. En esencia, el ganado pasó a ser un socio activo en la regeneración de la tierra, contribuyendo no solo a la salud del suelo, sino también al fomento de una mayor biodiversidad, incluidos polinizadores que se alimentan en praderas diversas y poblaciones crecientes de microbios del suelo y lombrices beneficiadas por el ciclo de la materia orgánica. Sin embargo, este redescubrimiento puso de manifiesto otro problema urgente: la escasez de pastores y profesionales cualificados en la gestión de ganado. Durante generaciones, los pastores fueron los guardianes del territorio, guiando sus rebaños de forma que beneficiara tanto a los animales como a los ecosistemas. No obstante, una convergencia de factores —entre ellos el auge de los sistemas de ganadería intensiva, los escasos rendimientos económicos de los productos tradicionales de oveja y cabra, las exigencias de estilo de vida, los cambios en las políticas de uso del suelo y el envejecimiento de la población rural— ha provocado un acusado descenso en su número. Esto planteaba un dilema. ¿Cómo podíamos, en CrowdFarming, fomentar la integración esencial del ganado en los sistemas regenerativos si las personas capacitadas para gestionarlo estaban desapareciendo? Y si los responsables de las fincas asumían ellos mismos la gestión de los rebaños, ¿cómo podíamos ignorar una posible vía para apoyar sus medios de vida, especialmente cuando encaja tan bien con nuestro modelo de conexión directa? Al mismo tiempo, a lo largo de nuestro recorrido por la agricultura regenerativa hemos conocido a ganaderos extraordinarios. Estas personas gestionan grandes extensiones de terreno con una dedicación inspiradora, asegurando que el suelo permanezca cubierto la mayor parte del año, fomentando la biodiversidad y secuestrando carbono mediante sistemas de pastoreo bien gestionados. Muchos de ellos —como Alfonso y Yanniek de La Junquera (Yanniek también forma parte de nuestro comité “1% for the Soil”), Sergio y sus colegas de Orgo, o Benedikt Bösel de Gut & Bösel— han compartido sus conocimientos en nuestro pódcast “What The Field!?”, destacando los profundos beneficios ecológicos del ganado alimentado en pastoreo y gestionado de forma regenerativa. Sin embargo, estos agricultores pioneros suelen enfrentarse a desafíos considerables. Deben sortear la presión competitiva de la ganadería intensiva, la inversión financiera necesaria para la certificación ecológica y el acceso limitado a mercados que realmente reconozcan y recompensen su dedicación a estándares ambientales y de bienestar animal superiores. Estas experiencias y observaciones han culminado en un nuevo paso para CrowdFarming. Impulsados por nuestro compromiso de apoyar a los agricultores que lideran las prácticas ecológicas y regenerativas, estamos introduciendo productos cárnicos de origen responsable como evolución de nuestro modelo actual. Al crear un canal de ventas directo y estable, nuestro objetivo es reforzar la viabilidad económica de estos agricultores, apoyando su transición hacia —o su capacidad de continuar— estos sistemas agrícolas ecológicos y regenerativos. Y damos este paso tras una profunda reflexión y debate. Debate tanto interno como externo, con personas que apoyan esta decisión y otras que hubieran preferido que no la tomáramos. Quiero expresar un agradecimiento especial al grupo de personas veganas que trabaja en CrowdFarming por haber participado en debates tan constructivos y por aportar un punto de vista bien fundamentado. Es una decisión madurada que tomamos con determinación, convencidos de que el consumo moderado de carne proveniente de agricultores que comparten nuestros valores puede ayudarnos a construir una cadena alimentaria más sostenible. Quién forma parte de la iniciativa Los productores que participen en esta nueva iniciativa estarán certificados como ecológicos (o en proceso de conversión), sus animales serán predominantemente alimentados en pastoreo y las fincas estarán aplicando activamente prácticas agrícolas regenerativas medibles. Para quienes no estén familiarizados con la terminología, es importante clarificar los siguientes términos: Agricultura ecológica: en la Unión Europea, la agricultura ecológica está sujeta a una normativa estricta. Esta establece que los animales deben criarse principalmente al aire libre, con espacio suficiente, recibir alimentación procedente de fuentes ecológicas y que está prohibido el uso de organismos modificados genéticamente (OMG). Además, existen limitaciones estrictas al uso de antibióticos y otros tratamientos veterinarios. Estos principios ecológicos, combinados con nuestros requisitos de pastoreo, excluyen intrínsecamente prácticas intensivas como la cría continua en interiores o el engorde en feedlots. Alimentación en pastoreo: una parte significativa de la superficie agrícola ecológica de la UE —aproximadamente el 44 %— consiste en pastos permanentes. Si estos pastos se gestionan de manera regenerativa, la oportunidad de generar un impacto ambiental positivo es considerable. Para los animales herbívoros (por ejemplo, vacas, ovejas) incluidos en esta iniciativa, su dieta consistirá en un 100 % de hierba y forraje procedentes de estos pastos. Para los animales omnívoros (por ejemplo, cerdos), un mínimo del 70 % de su dieta será a base de pasto, y el resto consistirá en piensos complementarios certificados como ecológicos. Es fundamental destacar que la definición de pasto y forraje en estos estándares excluye ingredientes comúnmente utilizados en las prácticas intensivas, como cereales (maíz, trigo, cebada), harina de soja, legumbres de grano (guisantes, habas) y ciertos subproductos industriales. Agricultura regenerativa: para CrowdFarming, esto representa un compromiso que va más allá de las prácticas ecológicas estándar, centrado en mejorar activamente el ecosistema agrícola. Se trata de un enfoque holístico en el que el principal objetivo es restaurar y mejorar la salud del suelo, incrementar la biodiversidad y mejorar los ciclos del agua. Los ganaderos que participen en esta iniciativa cumplirán con los principios ecológicos (o estarán en proceso de conversión), cumplirán con nuestros estándares de pastoreo y seguirán el protocolo de Medición, Reporte y Verificación (MRV) del Programa de Agricultura Regenerativa de CrowdFarming. Esto garantiza que las prácticas conducen a resultados positivos cuantificables, que se supervisan y se hacen públicos a través de nuestro Índice de Regeneración. Entre las prácticas clave se incluye con frecuencia el pastoreo rotacional, que imita el movimiento natural de los rebaños salvajes, permitiendo periodos de descanso y recuperación del pasto, evitando el sobrepastoreo y promoviendo la regeneración del suelo, así como fomentando pastos más diversos. Transparencia: un principio inquebrantable en el corazón del modelo CrowdFarming. La autenticidad de las prácticas agrícolas para esta nueva oferta de carne estará garantizada a través de varias capas sólidas de verificación:– La certificación ecológica oficial de la UE.– Un protocolo interno, supervisado por nuestros equipos agronómicos, para garantizar el cumplimiento de niveles mínimos de pastoreo.– El marco de Medición, Reporte y Verificación (MRV) que forma parte integral del Índice de Regeneración de CrowdFarming. Aclarando el panorama: metano, CO₂ y N₂O Las conversaciones sobre ganadería inevitablemente implican hablar de gases de efecto invernadero, y algunos de los primeros argumentos suelen girar en torno a los eructos de las vacas (en contra) o la capacidad de los pastos para secuestrar carbono (a favor). No es un tema blanco o negro, y es esencial abordarlo de forma abierta y precisa. Metano: los animales rumiantes producen metano durante la digestión. A diferencia del dióxido de carbono (CO₂), que persiste y se acumula en la atmósfera durante siglos, el metano es un gas potente pero “de corta vida”, que se descompone en unos 10–12 años, lo que significa que no tiene el mismo efecto de calentamiento que el CO₂. Aunque los niveles mundiales de metano deben reducirse significativamente en todos los sectores (incluidos combustibles fósiles y vertederos), la ciencia climática indica que no es necesario eliminar por completo el metano agrícola para estabilizar las temperaturas. Estrategias compatibles con sistemas basados en pastos —como mejorar la salud animal, la selección genética de animales con menores emisiones y la optimización de la diversidad del forraje— ofrecen vías para una reducción sostenible. Secuestro de carbono: los pastos bien gestionados y los sistemas integrados con árboles (agroforestería) tienen el potencial de captar CO₂ de la atmósfera y almacenarlo como carbono en los suelos y la biomasa. Aunque la cantidad exacta y la permanencia a largo plazo de este secuestro son complejas y varían significativamente según el tipo de suelo, el clima y el historial de gestión, enfocarse en estas prácticas contribuye de forma positiva a la salud del suelo y a la resiliencia de los ecosistemas, más allá del beneficio específico en términos de carbono. CrowdFarming se centra en verificar prácticas conocidas por mejorar la salud del suelo, en lugar de hacer afirmaciones específicas de negatividad de carbono a nivel de finca, difíciles de demostrar consistentemente año tras año. Óxido nitroso (N₂O): un gas potente y de larga vida. Las emisiones agrícolas de N₂O están estrechamente ligadas al uso de fertilizantes sintéticos y a la gestión del estiércol. Al exigir certificación ecológica (que elimina los fertilizantes sintéticos) y favorecer sistemas basados en pastos (que reducen la concentración de estiércol), nuestro enfoque reduce de forma inherente los riesgos de N₂O en comparación con los modelos intensivos. Además, integrar leguminosas fijadoras de nitrógeno, como el trébol, en los pastos puede reducir o eliminar casi por completo la necesidad de insumos externos de nitrógeno, mitigando aún más las emisiones de N₂O. Ofrecer una alternativa mejor Esta iniciativa va más allá de la introducción de una nueva categoría de productos. Su propósito central es proporcionar un apoyo económico tangible a los agricultores que lideran los sistemas ganaderos ecológicos y regenerativos. Al establecer este canal directo, nuestro objetivo es brindarles una fuente de ingresos más predecible, fortaleciendo su estabilidad financiera y su capacidad para mantener y ampliar prácticas que generan beneficios significativos para nuestros ecosistemas compartidos. Entendemos y respetamos que muchas personas eligen estilos de vida vegetarianos o veganos por razones ambientales y éticas, y en CrowdFarming varios de nosotros seguimos este mismo camino. De hecho, organismos científicos relevantes, como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), han señalado que cambios hacia dietas equilibradas que incluyan una reducción en el consumo global de alimentos de origen animal —especialmente aquellos provenientes de sistemas de altas emisiones— pueden contribuir de manera significativa a la mitigación de los gases de efecto invernadero y a la reducción de la presión ambiental. Sin embargo, muchas personas continúan incluyendo productos animales en su dieta y buscan activamente carne de alta calidad que esté alineada con sus valores de bienestar animal y responsabilidad ambiental. Esta búsqueda de calidad está respaldada por investigaciones que indican diferencias nutricionales en la carne y los lácteos. Los estudios han demostrado que los productos de animales alimentados predominantemente en pastos, en comparación con animales alimentados con piensos concentrados, tienden a presentar niveles más altos de ácidos grasos omega-3 beneficiosos, una proporción omega-6/omega-3 más favorable, mayores niveles de ácido linoleico conjugado (CLA) y concentraciones más altas de ciertas vitaminas como la E y algunas del grupo B. Para estos consumidores, encontrar y verificar productos provenientes de agricultores que aplican métodos ecológicos, basados en pastos y realmente regenerativos sigue siendo un desafío importante. Consideramos esta iniciativa como una oportunidad significativa para aumentar la conciencia entre los consumidores sobre los impactos positivos del ganado bien manejado en el contexto de la agricultura ecológica regenerativa. También permite poner de relieve la distinción entre estos modelos agrícolas y otros sistemas que pueden tener consecuencias más perjudiciales para el medio ambiente y el bienestar animal. Estamos convencidos de que, al fomentar una mayor comprensión y proporcionar acceso directo a productos elaborados de forma responsable, podemos contribuir a que más agricultores adopten estas filosofías beneficiosas de gestión del territorio. Asimismo, permite a los consumidores tomar decisiones informadas sobre el origen y los métodos de producción de sus alimentos. Esta expansión es una evolución cuidadosamente considerada para CrowdFarming, que refuerza nuestro compromiso inquebrantable de construir una cadena agroalimentaria más justa, sostenible y resiliente. Al ofrecer acceso directo a carne proveniente de fincas que cumplen con estos rigurosos estándares —ecológicos, basados en pastos y verificados como regenerativos—, damos a los consumidores la capacidad de apoyar directamente a los agricultores que invierten en el bienestar animal y la salud del ecosistema. Estamos entusiasmados por embarcarnos en este nuevo capítulo junto a nuestra comunidad de consumidores y agricultores.

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¿Por qué es tan arriesgado el cultivo de fruta de hueso ecológica?

La fruta de hueso de verano, como los melocotones, albaricoques, nectarinas y cerezas, es una de las frutas más complejas de cultivar, especialmente bajo un modelo de agricultura ecológica y regenerativa. Su corto ciclo de crecimiento, su alta sensibilidad a las condiciones meteorológicas y una vida útil limitada tras la cosecha crean un escenario donde la margen de error es mínima. ¿Por qué es tan corta la temporada de cultivo de la fruta de hueso? La mayoría de las frutas de hueso de verano completan todo su ciclo de desarrollo, desde la floración hasta la cosecha, en menos de diez semanas. Esta rápida evolución reduce drásticamente el margen de error para el agricultor. La creciente volatilidad climática en Europa añade una capa de imprevisibilidad. Un ejemplo concreto se encuentra en la región de Cataluña, donde el agricultor ecológico Jordi Garreta explicó cómo las lluvias prolongadas durante la primavera interfirieron en el cuajado del fruto y la maduración final, afectando a los volúmenes de cosecha disponibles. Además, varias tormentas de granizo dañaron y partieron parte de la fruta. Cada variedad presenta vulnerabilidades específicas: Las cerezas son propensas a agrietarse con lluvias repentinas. Los albaricoques son particularmente sensibles al estrés térmico. Los melocotones son muy vulnerables a las enfermedades fúngicas en condiciones de alta humedad. El enfoque ecológico y regenerativo ante las plagas y enfermedades El agricultor Jordi Garreta, Grup Garreta, España En la agricultura convencional, el control de plagas y enfermedades a menudo se basa en el uso de insumos sintéticos. El enfoque ecológico y regenerativo, sin embargo, busca crear un ecosistema resiliente, abordando la causa raíz de las plagas —un ecosistema desequilibrado que permite el crecimiento excesivo de un organismo específico— en lugar de las consecuencias. Como explica Jordi Garreta: “Las principales plagas y enfermedades son los pulgones, las tijeretas (Forficula auricularia) y hongos como la Monilia y el Rhizopus. La mejor manera de combatirlas es tener un cultivo bien equilibrado en su nutrición, lo que significa que cada árbol utiliza sus propias herramientas para luchar contra las plagas. Si esto no es suficiente, utilizamos caolín, purín de ortiga o tierra de diatomeas. Plantamos franjas florales y dejamos crecer hierbas silvestres espontáneas para fomentar la biodiversidad, lo que crea un ecosistema más resiliente frente a las plagas, entre otros beneficios.” Jordi GarretaGrup Garreta La investigación científica respalda estas prácticas. Por ejemplo, un estudio de 2022 en huertos de manzanos ecológicos encontró que las hileras de árboles más cercanas a las franjas florales perennes tenían una media de un 60% más de depredadores por rama, en comparación con los huertos de control sin franjas florales. Estos métodos no solo combaten las plagas a corto plazo, sino que también priorizan la salud a largo plazo del suelo y del ecosistema, lo que al final se ve recompensado al aumentar la resiliencia del ecosistema. ¿Qué son las frutas climatéricas y cómo afecta a su sabor? La mayoría de las frutas de hueso (a excepción de las cerezas) son climactéricas, lo que significa que continúan madurando después de ser recolectadas gracias a la producción interna de etileno. Aunque esto permite a los agricultores enviar fruta que todavía está firme, requiere una sincronización precisa. Una cosecha demasiado temprana da como resultado una fruta insípida; una cosecha demasiado tardía dificulta el transporte, especialmente en la agricultura ecológica, donde muchos conservantes y tratamientos químicos están prohibidos. Las pérdidas post-cosecha son uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el sistema alimentario. Según la FAO, las frutas y hortalizas sufren las tasas de pérdida más altas, superando el 20% a nivel mundial antes incluso de llegar a las tiendas. Dentro de esta categoría, las frutas delicadas y perecederas como la fruta de hueso son particularmente vulnerables a los daños mecánicos y a la sobremaduración, especialmente dadas las altas temperaturas de la temporada en que se cosechan y transportan. Aquí es donde los modelos de producción divergen significativamente: Guía práctica para la conservación en casa El modelo convencional: La industria alimentaria se ha adaptado a estos límites biológicos mediante la cosecha temprana, el almacenamiento en frío y la priorización de variedades seleccionadas por su durabilidad en lugar de por sus cualidades organolépticas. Los supermercados a menudo presionan a los productores para que entreguen productos uniformes y duraderos a precios bajos. Las pérdidas post-cosecha son uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el sistema alimentario.El modelo de venta directa: Un sistema de venta directa permite a los agricultores solucionar estos problemas. Al cosechar bajo demanda, la fruta se recoge en su punto de madurez fisiológica, se evita el almacenamiento prolongado en frío y se reduce la sobreproducción. Esto no solo minimiza el desperdicio alimentario, sino que también preserva la integridad del producto y permite estructuras de precios más justas que reflejan el alto riesgo y la intensidad de mano de obra necesarios para cultivar estas frutas sin insumos sintéticos. Una vez que la fruta llega a tu casa, su manejo adecuado es esencial para disfrutar de su máxima calidad. Maduración a temperatura ambiente: Si tus melocotones, nectarinas o albaricoques todavía están firmes, déjalos a temperatura ambiente, lejos de la luz solar directa. Para saber si un melocotón está maduro, la clave no es siempre el color, sino el tacto y el aroma. Sabrás que están listos cuando cedan ligeramente a una presión suave y desprendan un aroma fragante.Refrigeración tras la maduración: Una vez maduros, puedes trasladarlos al frigorífico para alargar su vida útil unos días más. Las bajas temperaturas (especialmente por debajo de 8 °C) pueden perjudicar el desarrollo del sabor y la textura en la fruta que aún no ha madurado.El caso de las cerezas: Al no ser climatéricas, las cerezas no maduran después de la cosecha. Deben ser refrigeradas inmediatamente para mantener su frescura.Lavar justo antes de consumir: Evita lavar la fruta antes de guardarla, ya que la humedad puede acelerar su deterioro. Lávala justo antes de comerla. Para saber más sobre cómo manejar tu fruta de verano, aquí tienes un artículo específico que te guiará. Un modelo resiliente para un sector vulnerable Agricultora Anita Minisci, Azienda Agricola San Mauro, Italia La combinación de temporadas cortas, alta sensibilidad climática y las presiones del mercado descritas anteriormente hace que la producción de fruta de hueso ecológica sea particularmente vulnerable. A medida que la volatilidad climática continúa aumentando, un cambio hacia modelos de producción y suministro más resilientes no es solo una preferencia, sino una necesidad. Una cadena de suministro directa y transparente, que crea un vínculo directo entre el agricultor y el consumidor, representa este cambio esencial. Este modelo empodera a los productores para priorizar la salud del suelo y cosechar por la calidad, asegurando un futuro más justo y sostenible para un sector agrícola desafiante pero vital.

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