Tiempo de preparación: 20 minutos

Publicado Octubre 2026
Bizcocho de calabaza, para cuando el frío aprieta
A finales de octubre, la calabaza cuelga de medio mundo como farolillo y se nos olvida que, antes que decoración, es comida. Y de las que mejor aguantan: se recolecta en otoño y pasa meses enteros en un rincón fresco de la cocina sin perder nada. Una sola da para cremas, purés, asados y, cuando el día pide algo reconfortante, para este bizcocho de calabaza. Tierno, especiado y mejor al día siguiente.
Tiempo de cocción: 45 minutos
Ingredientes:
- 600 g de calabaza
- 100 g de mantequilla (o 80 ml de AOVE, que lo deja más jugoso y aguanta mejor)
- 300 g de azúcar (o panela, que le da un punto más tostado)
- 300 g de harina
- 4 huevos
- 1 pizca de sal
- 1 sobre de levadura en polvo
- 2 cucharadas de canela
Preparación:
- Cuece la calabaza al vapor unos 15 minutos, sin semillas, hasta que la pulpa esté tierna. Tritúrala con la mantequilla y déjala enfriar del todo. Precalienta el horno a 180 ºC con ventilador.
- Bate los huevos con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y quede espumosa. Incorpora la canela, la sal, la harina y la levadura.
- Añade el puré ya frío. Si está caliente, la levadura pierde fuerza. Debe quedar una masa suave, no líquida.
- Engrasa o forra un molde de bordes altos, porque la masa crece.
- Vierte y hornea a 180 ºC durante 45 minutos.
Está bueno recién salido del horno, y aún mejor al día siguiente, frío.
No tires las semillas
Sepáralas de la pulpa y enjuágalas bien bajo el grifo para quitarles los hilos. Sécalas con un paño o papel de cocina, cuanto más secas, más crujientes quedan. Extiéndelas en una bandeja con un chorrito de aceite y una pizca de sal y hornéalas a 180 ºC unos 10 a 15 minutos, removiendo a media cocción, hasta que estén doradas. Como el horno ya está caliente del bizcocho, lo aprovechas.
¡Picoteo de otoño y cero desperdicio!
Escrito por Cristina Domecq
Cristina Domecq es Head of Impact en CrowdFarming. Su labor se desarrolla en el punto de encuentro entre la estrategia corporativa, el campo y la conversación social, convencida de que las claves para arreglar el sistema alimentario se revelan en esa intersección. Su objetivo es lograr un cambio de comportamiento duradero; una misión que solo funciona si tanto los agricultores como los consumidores están verdaderamente comprometidos.



