Boniatos ecológicos de La Huerta con Sangha

2,50 kg/caja

Boniatos ecológicos de La Huerta con Sangha

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Especificaciones
Contenido de la caja: 1 caja contiene 2.5kg de boniatos ecológicos
Variedad: Beauregard
Beauregard: su piel y pulpa es naranja, y la forma alargada, tamaño medio a grande y sabor entre la patata, la zanahoria, las almendras y la castaña, y un dulzor entre zanahoria y calabaza
Cultivo ecológico certificado por el sello europeo de Agricultura Ecológica desde 2013
Nuestras plantas no son una fábrica de tornillos: cada fruto es único en aspecto y tamaño
1 kg contiene entre 2 y 6 piezas
Conservándolas en un lugar fresco, aireadoy en oscuridad para que te puedan aguantar 1 año en buenas condiciones
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Farmer con experiencia
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Farmer 360
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Sin plásticos
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Ecológico
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Farm familiar
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Acepta visitas
Sangha Dia
Me llamo Sangha Dia, aunque en Algarrobo me conocen por Dicke. Nací en Medina Dakar, un pequeño pueblo de la zona norte de Senegal, conocida como Louga. Allí la mayoría de las familias se dedican a trabajar la tierra: los niños hacen de todo un poco según sus posibilidades; las mujeres están más dedicadas a las tareas del hogar, aunque también ayudan en labores agrícolas; y los hombres realizan las tareas de mayor esfuerzo. Cultivamos para comer y si sobra algo, lo vendemos para comprar otros bienes que no podemos producir. A los 34 años conocí a Daour, mi actual esposa. Pronto fuimos padres de Fatou y Sini, y quisimos una mejor vida para nuestras hijas. Éramos conscientes de los riesgos que suponía un viaje en patera a Europa, pero era una obligación intentarlo. Normalmente la gente piensa que la parte más arriesgada de este viaje es cruzar la “frontera de sal”, pero antes nos enfrentamos a meses, en mi caso 8, malviviendo en Marruecos hasta que encontramos la posibilidad de cruzar el Estrecho de Gibraltar. Durante mis meses en Tánger, pude subsistir gracias a la caridad de la gente del lugar, pues no había opción a trabajo ni hospedaje. Mi primer intento de cruzar el Estrecho fue un fracaso, ya que las mafias me estafaron todo cuanto tenía en ese momento. Por fin, en el verano de 2004, en una noche muy silenciosa, llegué a la costa de Barbate (Cádiz). Nos recogió Cruz Roja en la playa y durante 21 días estuve en un campamento para inmigrantes irregulares. Ya en España, si no tienes papeles, el gobierno te exige 3 años de estancia en el país para regularizar tu situación; se logra mediante un precontrato que se firma con algún empresario, a jornada completa como mínimo por un año, lo cual se hace prácticamente imposible para alguien que desconoce la cultura y el idioma del país, y además no tiene papeles. Viajé hasta Algarrobo en busca de mi primo Mamadú, que me acogió en su casa. Rápidamente me puse a trabajar en la venta ambulante de CDs de música y DVDs; mi familia necesitaba dinero. Este es el trabajo más visible de los senegaleses que llegamos a España, pero entraña sus riesgos: la cárcel. Allí acabé yo durante 8 meses. Al salir entendí que debía integrarme, aprender el español y conseguir trabajos que me ofrecieran nuevas oportunidades. El primer paso fue involucrarme con la ONG Málaga Acoge; ellos ofrecen la oportunidad de lograr derechos para inmigrantes sin papeles, como yo. Allí fue donde conocí a Pedro, mi amigo y socio. Él ha vivido siempre ligado a la acción social; sus clases de español eran mucho más que gramática y vocabulario, pues en su forma de enseñarnos había comprensión, empatía y compromiso por ayudar. No sé cómo ocurrió, pero Pedro decidió dar un paso más para apoyarme. Me dio trabajo en su huerta, e involucró a su hijo (también Pedro) para que alguna empresa me ofreciera un contrato formal que me diera opción a lograr la residencia. Tras 11 años como inmigrante sin papeles, gracias a mi familia española, y especialmente a Pedro (hijo) por su gran conocimiento y concienciación sobre la situación en mi región de origen, logré ser un ciudadano con derechos, trabajo y futuro para mi familia. Ellos aún viven en Senegal, y mi sueño es adquirir en España los conocimientos y recursos suficientes para desarrollar mis propios proyectos en mi tierra, y lograr así una mejor vida en nuestro país, ¡ojalá podáis acompañarme en esta aventura! Hoy en día, soy socio de Pedro (padre) en la producción de boniato y mango ecológico, trabajo codo con codo con Pedro (hijo), y colaboro en las fincas de tropicales de otros amigos de la zona.
La Huerta con Sangha
Nuestra finca se encuentra en el lugar conocido como “pago de Trayamar”, en el paraje de Canto Blanco. Es una zona tradicional de huertas de boniatos y otros productos hortícolas, que se cultivan durante prácticamente todo el año gracias a su cercanía al mar, con temperaturas templadas y muchas horas de sol. En Algarrobo conviven profesiones muy dispares que hacen si cabe más atractivo nuestro pueblo: agricultura, pesca y turismo. Es por tanto un modelo de desarrollo diversificado, con matices culturales que surgen de las actividades de la tierra y el mar, y que te recomendamos conozcas. En Algarrobo nos conocemos todos: somos gente humilde que vivimos de lo que se ha vivido siempre por aquí, ¡hasta los turistas son parte del pueblo! pues suelen ser familias que repiten cada año durante sus vacaciones. A pesar de ser un lugar de costa, ha conservado su identidad y la transformación urbanística ha sido muy limitada; a apenas unos metros de la playa puedes encontrar huertas de tomates, olivares centenarios y campos de aguacates y mangos. La “Huerta con Sangha” es un proyecto de tradiciones. Los antepasados de mi socio, Pedro, vienen cultivando este lugar desde siempre. Patatas, tomates, pimientos, habichuelas, ¡hasta aguacates! se han llegado a cultivar en la finca. Desde que yo la trabajo, producimos boniato, patata y mango. Una de las costumbres que mantenemos es la labranza con mulo; esta tarea se realiza para retirar las hierbas que compiten con el boniato, y equivale a un riego ya que airea la tierra. Para ello contamos con la ayuda de José y su mulo Red Bull, una pareja muy genuina. Yo llegué a la finca gracias a un golpe suerte. Tras un largo viaje desde Senegal, Pedro (padre) se cruzó en mi vida para cambiarla para siempre. Él era mi profesor de español en “Málaga Acoge”, una ONG dedicada a ayudar a personas inmigrantes, para lograr que tengamos plenos derechos y deberes como ciudadanos. A partir de esta experiencia, Pedro confió en mí y decidió darme una oportunidad laboral; con ello me abrió la puerta a una vida digna en Europa. Para mí fue fácil la adaptación al trabajo, ya que en mi país fui agricultor desde niño. Pronto surgió una estrecha relación entre nosotros, que sumado a la ayuda de Pedro (hijo) me permitió lograr la residencia en España y hacerme socio del negocio familiar. Nuestra finca obtiene el agua del embalse de La Viñuela. No podemos usar los pozos del entorno porque la cercanía al mar les aporta sales. Una planta de boniato necesita unos 12 riegos durante su ciclo de vida; son bastante tolerantes a la sequía, por lo que son perfectas para nuestro clima mediterráneo. Los riegos los aportamos mediante goteo, ya que por muy poca agua que necesite la planta, es vital ahorrar cada gota. Desde 2013 nuestra huerta está certificada como ecológica, gracias al convencimiento de Pedro (hijo) por implementar métodos de cultivo sostenibles con el entorno. La mayor parte de las tareas son manuales o con la ayuda de Red Bull, y no usamos fitosanitarios de síntesis. Las tareas rutinarias de la finca las desarrollamos entre Pedro (padre), cuya experiencia lo convierte en el mejor de los asesores; Pedro (hijo) se encarga de “todo un poco” orientado siempre a gestionar los recursos; y yo soy el responsable de las tareas rutinarias de la finca. En las épocas de mayor trabajo (siembra y recolección), se incorporan al equipo unas 4 o 5 compañeros más, también senegaleses que viven en Algarrobo, sin olvidar a nuestros fieles José y Red Bull. Trabajar con Pedro es un placer, ya que con él se vive la cultura del respeto y su afán por la integración de culturas. Por supuesto todos cuentan con contrato y perciben un salario justo por su trabajo, según el convenio laboral. En cuanto a la calidad de la cosecha, seleccionamos las piezas según su piel, que ha de ser curtida, y nos aseguramos de que no haya zonas picadas. Según el tamaño podemos encontrar tubérculos muy pequeños de apenas unos gramos, y otros que alcanzan casi los 2 Kg; este destrío lo donamos a granjas de la zona como alimento para los animales.
Información técnica
Dirección
La Huerta con Sangha, Algarrobo, ES
Altitud
20m
Equipo
3 hombres
Dimensión
2,1 ha
Sistema de riego
Riego por goteo
Preguntas frecuentes
¿Qué impacto genera mi compra?
¿Cómo viaja mi pedido?
¿Qué garantía de compra tengo?
¿Qué beneficios obtengo de comprar directamente del agricultor?
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