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Tenemos que hablar de conversión

¿Qué tienen los cultivos ecológicos europeos en común con la religión? Que solo pueden desarrollarse si logran convertir cada día a más gente.

En nuestro caso, esta gente son agricultores. Agricultores que necesitan recuperar su fe en la posibilidad de una agricultura más sostenible. Y también una comunidad que les apoye.

El 25% de la superficie cultivable europea debería estar convertida a ecológico para el año 2030. Aunque pueda parecernos poco, este objetivo – parte de la iniciativa europea de la granja a la mesa, piedra angular del Pacto Verde Europeo para combatir el cambio climático – es en realidad un objetivo considerado poco realista. En 2019 tan solo el 8% de la tierra cultivable en la unión Europea estaba cultivada en ecológico, en 2017 solo el 7%, haciendo patente que el índice de crecimiento (alrededor de un 6% entre 2007 y 2017) no es suficientemente alto como para alcanzar a tiempo el 25% propuesto por la UE. Y te preguntarás: “¿Cómo de difícil puede ser dejar de usar pesticidas y comprar un sello ecológico?”  Y la respuesta de (demasiados) agricultores será: “muy difícil” o “no es tan fácil”.


Para empezar conviene acabar con un viejo mito: No, el agricultor no puede comprar el derecho a usar el sello ecológico de la UE. Para poder utilizar el logo, el farmer debe enfrentarse a un proceso de certificación oficial, en el que su terreno y sus productos son auditados y analizados tras un largo periodo de transición.  El proceso hasta que el agricultor puede añadir el sello verde a sus productos lleva una media de tres años (como mínimo dos y en algunos casos hasta cuatro). Esta duración se debe principalmente a la posibilidad de que queden residuos de los agroquímicos, utilizados en los cultivos antes del inicio de la conversión, que puedan estar todavía “infectando” a los ecológicos; pero también se debe a que la agricultura ecológica supone una metodología de trabajo más compleja y que requiere de más mano de obra.  Además, el agricultor debe hacer un esfuerzo para aprender sobre las nuevas técnicas, siempre en constante evolución, para combatir plagas y aumentar la producción de manera natural. Y como ya sabemos, el conocimiento teórico no siempre funciona en la práctica, especialmente cuando involucramos a la, a veces tan poco previsible, madre naturaleza.

Es por eso, que la inversión por parte de los agricultores aumenta, tanto en tiempo como en esfuerzo y sobre todo en el dinero que les cuesta tanto ganar, especialmente sin la ayuda de sus hasta entonces fieles compañeros: las empresas de agroquímicos. La agricultura ecológica requiere muchas manos – aunque esto también puede considerarse un punto a favor en términos de empleo potencial. (Como puedes observar, se trata de una temática muy amplia en la que estaremos encantados de sumergirnos en futuras comunicaciones, si quieres saber más del tema). Incluso si todo sale bien durante el proceso, el agricultor se encontrará con una disminución significativa de la producción frente a años anteriores.

Por desgracia, existe otro gran problema al que los productores en conversión a ecológico se ven obligados a enfrentarse: prácticamente no existe mercado para sus productos. Demasiado caros para competir en el mercado convencional y todavía a falta de conseguir el sello oficial para acceder al mercado orgánico, los productos en conversión se ven excluidos de los canales de venta tradicionales. Todo en un momento en el que el agricultor necesita, más que nunca, tener el apoyo y la seguridad económica para financiar la conversión y lograr una transición a ecológico exitosa. Por eso, hemos decidido que no podemos dar la espalda a los productores que deciden dar el paso


“¿Cómo puedo lograr que mis precios reflejen el esfuerzo que estoy haciendo durante la conversión?”  “¿Cómo puedo financiar el proceso si tengo que seguir vendiendo mis productos a precio convencional?”- Estas son algunas de las preguntas que más recibimos de nuestros agricultores cuando les recomendamos la conversión a agricultura ecológica. Al principio, no sabíamos qué responderles. Y, obviamente, era un problema que debíamos resolver para poder convencerles a dar el paso. Esta fue la semilla de la que surgió  nuestro Proyecto de conversión a ecológico.