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Por qué lo ecológico es más sostenible

Puede que vivamos en la era de la información, en una época en la que todo tipo de conocimiento está al alcance de cualquiera con un dispositivo digital; sin embargo, hay muchísimos temas importantes que se ponen de moda y se quedan en meras palabras en vez de acciones. La sostenibilidad es uno de ellos. 

¿Qué significa «sostenible»?


Según la RAE, se entiende por sostenible, especialmente en ecología y economía, “lo que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente.

Una definición que incluye un elemento clave: la continuidad. Lo que nos lleva a nuestra siguiente pregunta: ¿podemos seguir practicando la agricultura convencional tal y como lo hacemos ahora?

El informe del IPCC 2021 (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) sugiere que no deberíamos hacerlo. Recomienda que actuemos más y mucho más rápido si queremos evitar que la crisis climática cambie para siempre la vida tal y como la conocemos.

¿Qué tiene que ver la agricultura con el cambio climático?

De hecho, la agricultura es una de las cinco industrias más contaminantes. La OCDE afirma que el 17 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero se crean directamente a través de las actividades agrícolas y un 7-14 % adicional a través de los cambios en el uso del suelo.

Aunque la ganadería es sin duda un factor importante en este caso (¡solo hay que pensar en todo el metano que emiten las vacas!) no es ni mucho menos el único. Sin embargo, es importante entender que la agricultura no solo es uno de los principales contribuyentes al calentamiento global, sino que también puede ser una de sus principales soluciones. 

Para nosotros, hacer que la agricultura sea más sostenible está estrechamente relacionado con el desarrollo de la agricultura ecológica (junto con otras medidas como evitar los envases de plástico o evitar los tratamientos posteriores a la cosecha).

¿Qué hace que la agricultura ecológica sea más sostenible que la convencional?


● En general, la agricultura convencional utiliza más agua que la ecológica y es muy intensiva en energía porque está muy industrializada. Todo lo que requiera un gran consumo de energía resulta cada vez más problemático, ya que generarla es la actividad más contaminante.

● Toda la «razón de ser» de la agricultura convencional, la razón por la que se acepta ampliamente como la única alternativa real para alimentar al mundo, está en realidad ligada a una de las grandes absurdidades de nuestra sociedad: la sobreproducción. Supuestamente, deberíamos apostar por la agricultura convencional porque, antaño, los pesticidas nos salvaron de morir de hambre al salvar las cosechas de las plagas. Sin embargo, en la realidad actual, hemos aprendido (¡y seguimos aprendiendo!) a lidiar con las plagas sin agroquímicos y a coexistir con la madre naturaleza sin matar a todo lo que vive dentro y alrededor de los cultivos. La pérdida de biodiversidad es uno de los mayores problemas relacionados con la agricultura intensiva convencional. 

● Los cultivos ecológicos tienen un rendimiento de entre un 10% y un 30% menor. Esto resulta innegable y se suele usar como «argumento definitivo» contra las voces que recomiendan el cambio a ecológico. Sin embargo, te brindamos otro dato incuestionable para que lo pongas en perspectiva: ¡un tercio de los alimentos que producimos se desperdicia! Esto plantea la siguiente pregunta: ¿realmente sería tan malo producir menos? ¿No tirar más de mil millones de toneladas de alimentos al año, sino producir solo lo que consumimos? Por otro lado, si el problema es no producir suficientes alimentos para los humanos, también podríamos simplemente reducir nuestro consumo de carne y lácteos. Al fin y al cabo, el 33 % de los cultivos se destinan a la producción de alimentos para el ganado. 

Además, la pérdida de rendimiento de las cosechas es algo que hay que tener en cuenta con el paso del tiempo. Cuando se pasa de un cultivo convencional a uno ecológico, hay una gran pérdida de rendimiento el primer año, pero a largo plazo, el suelo será más fértil. Digamos que, dentro de 20 años, los campos que se han maltratado de forma continua con herbicidas y sobreproducción probablemente no tengan ninguna fertilidad, es decir, ninguna vida. Serán completamente áridos y mantenerlos cultivables requerirá enormes cantidades de recursos (si es que se pueden salvar). Lo que nos lleva a nuestro siguiente punto:


● La degradación de los suelos es uno de los muchos y terribles efectos secundarios del cambio climático, y llenarlos de (agro)productos químicos no hace más que empeorar la situación. La agricultura ecológica tiene como objetivo mantener y fortalecer la salud general del suelo para combatir su degradación. Esto se hace aumentando la materia orgánica presente en el suelo para favorecer la creación de humus. El humus actúa como una esponja para ayudar al suelo a absorber y retener el agua, ¡y los nutrientes! Cuando llueve mucho, este sistema es mucho más eficiente en términos de recursos (y útil en lo que respecta a la prevención de inundaciones) que el suelo cultivado de forma convencional, que más bien actúa como el hormigón y tan solo retiene pequeñas cantidades. Cuando llueve poco, estas cantidades se retienen mejor durante más tiempo. Por eso también la agricultura convencional necesita mucho más riego artificial.

● Siguiendo con el tema del humus, la agricultura ecológica responsable nos ofrece una ventaja insuperable en lo que respecta a la sostenibilidad: ¡ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero! En pocas palabras y de forma simplificada: el humus absorbe los gases de efecto invernadero de la atmósfera. Por poner un ejemplo más concreto: por cada litro de aceite de oliva virgen extra ecológico que se produce, se eliminan 10 kg de CO2 de la atmósfera. El reto es hacer que la agricultura pase de ser una fuente de carbono a un sumidero de carbono, ¡y esto es posible! 

Estos son solo algunos de los argumentos que hacen que, en términos de sostenibilidad, la balanza se decante cada vez más a favor de la agricultura ecológica. A esto hay que añadir lo relativo a la ética –como las condiciones de trabajo o el bienestar animal– y la salud, que es la principal razón de la popularidad de los productos ecológicos. Además, los aficionados a la agricultura ecológica tienden a dar más importancia al «valor interno» de la fruta que compran, por lo que es menos probable que las frutas ecológicas se seleccionen por motivos estéticos, lo que conlleva un menor desperdicio de alimentos.

Esperamos que esto demuestre que la sostenibilidad es mucho más que una palabra de moda y que la agricultura ecológica no tiene nada que ver con el ecopostureo. ¡Para que te hagas una idea de por qué animamos a nuestros agricultores a dar el paso a ecológico!

Francisco José Marín Salgado de Finca Refijo


Emmeline es experta en comunicación, vocación que ha estado ejerciendo durante más de 8 años en el sector agroalimentario. Esta nueva podcaster es una gran aficionada a la comida, una preocupada por el cambio climático (aspirante a guerrera) y le gusta una buena discusión casi tanto como los perros.

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